Enoc fue representante de Cristo tan seguramente como el amado discípulo Juan. Enoc anduvo con Dios, y ya no fue hallado, porque Dios lo llevó consigo. A él se le confió el mensaje de la segunda venida de Cristo. “De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él”. El mensaje predicado por Enoc, y su traslado al cielo, fueron un argumento convincente para todos los que vivían en su tiempo; fueron un argumento que Matusalén y Noé pudieron usar con poder para demostrar que los justos serían trasladados.
El Dios que anduvo con Enoc era nuestro Dios y Salvador Jesucristo. Era la luz del mundo como lo es ahora. Los que vivían entonces no estuvieron sin maestros que los instruyesen en la senda de la vida; porque Noé y Enoc eran cristianos. El evangelio se da en preceptos en Levítico. Se requiere ahora obediencia implícita como entonces. ¡Cuán esencial es que comprendamos la importancia de esta palabra! Solo dos grupos se manifestarán en este mundo, los que son obedientes y los desobedientes. Esto se evidenciará en todas nuestras labores. Si solamente pudiéramos tener en mente que Cristo, en forma encubierta, está constantemente a nuestro lado. “Yo estoy a tu diestra para ayudarte”. Hemos de dar testimonio para convencer al pecador de su pecado. Nadie puede ser obligado contra su voluntad, sino que debe ser convencido. Cristo es el poder milagroso que realiza esta acción (El Cristo triunfante, 26 de febrero, p. 65).
De Enoc se ha escrito que vivió sesenta y cinco años y engendró un hijo. Luego, caminó con Dios por trescientos años. En el transcurso de estos primeros años, Enoc amó y temió a Dios y guardó sus mandamientos… Pero después del nacimiento de su primer hijo, alcanzó una experiencia superior, estableció una relación más estrecha con Dios. Así comprendió más plenamente cuáles eran sus obligaciones y responsabilidades como hijo de Dios…
¡Qué bendición que hayamos tenido un Enoc!… A pesar de la corrupción que lo rodeaba, caminó con Dios, y su luz refulgió en medio de una era degenerada. Y si Enoc caminó con Dios en medio de la corrupción de esos días, ¿por qué los hombres y mujeres de nuestros días no podrían hacer lo mismo?
Muchos de nosotros sabemos algo de esta experiencia. Sabemos que en medio de la tristeza y la congoja nos sentimos débiles, pero también sabemos que Jesús está a nuestro lado, simpatiza con nosotros, y nos ayudará. Podemos mantener comunión con nuestro mejor Amigo, pues está a nuestro lado. No necesitamos ascender a los cielos para traerlo, él ya está aquí dispuesto a asistirnos.
Mientras transitamos por las calles con aquellos que no se interesan por Dios, por el cielo o por las cosas celestiales, podemos hablarles de Jesús. Tenemos algo más precioso que ellos donde fijar nuestros ojos: en Jesús. Él está con nosotros en medio de la oscuridad moral que reina en estos días. Podemos contarle las aflicciones de nuestra alma y de la maldad del mundo, y nada de esto nos apartará del camino. Podemos hablar con Jesús. Podemos hablar con Jesús como Enoc habló con Dios, y le contaba al Señor sus pruebas…
Enoc desarrolló un carácter recto y en consecuencia fue traspuesto al cielo sin ver la muerte. Cuando el Señor regrese por segunda vez, habrá algunos que serán traspuestos sin ver la muerte y deseamos saber si estaremos en ese grupo. Queremos saber si estaremos por completo del lado del Señor, siendo partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que impera en el mundo por la concupiscencia, sin trazar nuestro trayecto en el que no tengamos que afrontar pruebas y dificultades, sino estableciendo una relación correcta con Dios y permitiendo que él se responsabilice de las consecuencias (El Cristo triunfante, 5 de febrero, p. 44).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
2do. Trimestre 2026 «CRECIENDO EN NUESTRA REALCION CON DIOS»
Lección 6: «GUERREROS DE ORACIÓN»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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