«Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco»
Marcos 6: 31.
El reconocido y admirado Nelson Mandela estuvo encarcelado veintisiete años, primero en la isla Robben y posteriormente en otras dos cárceles. Los primeros años sin libertad fueron muy tristes y duros para él; por causa de la brutalidad de los guardias y del trabajo extenuante. Además, los presos solo podían recibir una visita y una carta. cada seis meses.
Su mundo exterior era opresivo y, por si eso fuera poco, su hijo primogénito había muerto en un accidente; su esposa, Winny, estaba bajo amenaza constante; los miembros de su partido estaban en el exilio y el gobierno del-apartheid se había consolidado en el poder.
Cuenta Richard Stengel, su biógrafo, en el libro El legado de Mandela: 15 enseñanzas sobre la vida, el amor y el valor, que, al inicio de la década de 1970, Mandela decidió cultivar una huerta en la cárcel. Pidió autorización a los oficiales, la cual le fue concedida varios meses después. Apesar de que el terreno era seco y estaba lleno de piedras, él cavaba, bajo la estricta vigilancia de los guardias.
Mientras sus compañeros de prisión jugaban, leían o conversaban, Mandela plantaba tomates, cebollas, pimientos y espinacas. Cuando la huerta dio buenos frutos, comenzó a entregarlos a la cocina, ayudando así a mejorar la alimentación de los prisioneros, basada en harina de maíz.
Los primeros años, los oficiales de la cárcel encontraron muy extraña esa labor de Mandela, pero él entregaba los vegetales hasta que, más adelante, fue autorizado a plantar una segunda huerta fuera del patio.. Los mismos guardias le daban semillas, y él entregaba el fruto de la cosecha. Así, la vida de Mandela comenzó a girar en torno a la huerta, donde calmaba su mente de las constantes preocupaciones.
En 1982, Mandela fue transferido a la prisión de Pollsmoor, donde también fue autorizado a plantar tomate, cebolla, berenjena, fresa, espinaca, repollo, brócoli, remolacha, lechuga y coliflor. Trabajaba en la huerta todas las mañanas, por las tardes, hacía ejercicio; y así, en aquel mundo hostil que no podía controlar, la huerta se convirtió para él en un lugar de belleza, estabilidad y renovación.
En medio de sus muchas actividades, Jesús y sus discípulos también se retiraban cada día a algún lugar en busca de descanso. En esas oportunidades, se entregaban a la meditación, a la oración y a la renovación espiritual.
Y tú, ¿ya tienes un lugar de renovación espiritual al que acudes diariamente para alejarte del ruido de la vida cotidiana?
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
