El sendero más peligroso (Parte 2)

 

“Pero el Señor es fiel; él los fortalecerá y los protegerá del maligno” (2 Tesalonicenses 3:3).

Continuamos en el peor sendero del mundo, subiendo el quinto pico del monte Hua, en China. Y cuando parece que todo ya ha llegado a su límite, se pone aún peor. Caminas de puntillas sobre una macabra pasarela de la altura de cinco edificios Empire State, y la siguiente curva esconde un desafío que te hiela los huesos. Como si no fuera suficiente, el cuerpo queda paralizado y los ojos no pueden creer lo que ven.

De repente, las rústicas tablas salvadoras desaparecen. Solo quedan cadenas flojas clavadas en la roca y… ¡nada más! El inmenso vacío del precipicio aturde la vista, que se oscurece por un mareo repulsivo. “¡Socorro!”, exclama el derrotado, ya sin fuerzas para seguir.

Es entonces cuando aparece una salida de emergencia. La roca resbalosa tiene pequeños agujeros tallados en el granito. ¿Por ahí? ¡Sí! Un pie y luego el otro, una mano y la otra… lentamente se va superando el obstáculo más inimaginable: un coqueteo con la muerte.

Finalmente, con los nervios hechos trizas, se llega al último tramo de la ruta. Un camino estrecho, con espacio para dos personas como máximo, se extiende acompañado de una baranda de cuerdas. De ambos lados se abre un precipicio aún más alto. Pero ahora nadie piensa en nada. Todos solo quieren llegar a la cima —¡y rápido!— haciendo equilibrio como si fueran hormigas en el lomo altísimo de un dinosaurio puntiagudo de roca.

Para sorpresa de los vencedores, en la cima hay un pequeño templo milenario. Es como si todo ese recorrido espeluznante preparara a los viajeros para contemplar el poder del Creador. ¿Y valió la pena? Quienes lograron superar este desafío personal aseguran que sí. Después de todo, no tiene precio llegar a la cima del podio subiendo por los peldaños de la determinación.

¿Entiendes ahora por qué este es el sendero más peligroso del planeta?

Nuestra caminata hacia el cielo también puede sorprendernos con obstáculos aterradores. No porque Dios lo quiera, sino por obra del enemigo. ¿Sabías que el mal hará todo lo posible para impedir que alcances el bien? Sin embargo, con Cristo lo lograrás, incluso si solo cuentas con pequeños agujeros tallados al borde del precipicio.

Por lo tanto, que tu miedo al tentador no sea mayor que tu refugio en el Salvador. Así superarás este mundo y llegarás a los portales de la eternidad.

Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca

Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez

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