«Es más dichoso dar que recibir». Hechos 20: 35
Si tuvieras un solo paquete de fideos instantáneos en la despensa de tu casa y apareciera un desconocido en tu puerta pidiendo comida, ¿Qué harías? ¿Le prepararías tu única comida o le dirías que no tienes «nada»? Difícil; ¿verdad? Generalmente se les, responde a los mendigos: «¡Vete, no tengo nada aquí!» La Biblia cuenta una historia similar pero con un final feliz.
Era la época en la que Jezabel y Acab gobernaban Israel una gran sequia azotó a todo el reino como resultado del caos espiritual en el que se encontraba la nación. Como no llovía sobre la tierra, Dios ordenó que Elías pasara un tiempo junto al arroyo de Querit. Allí, el profeta fue sustentado con el pan y la carne que le traían unos cuervos. Después de que el arroyo se secó, Dios ordenó que Elías fuera a Sarepta, en la región de Sidón, porque allí; sería sustentado por una viuda.
Un momento, ¿no te suena extraño? ¿Uno de los profetas más grandes de la Biblia siendo sustentado por cuervos y, luego por una viuda? ¿Dónde estaban los banquetes y las fuentes en el desierto? a Dios implica transitar por los extremos de la razón y la fe. La situación se complicó aún más cuando el profeta supo que la mujer solo tenía un puñado de harina, un poco de aceite y un hijo que cuidar.
Por increíble que parezca, esa mujer fenicia aceptó el desafío y dio todo lo que tenía al profeta desconocido. Pocas personas en la Biblia tuvieron tanta fe. Su hospitalidad y generosidad fueron recompensadas por Dios, quien multiplicó su harina y su aceite durante muchos días. La viuda descubrió, en la práctica; que la despensa de Dios nunca queda vacía.
¿Eres una persona generosa? ¿Sueles ayudar a los necesitados? Según el texto de hoy, esa es la verdadera receta para felicidad. Dios no nos creó como reservorios de bendiciones, sino como canales de su gracia. ¡Sé tú mismo el milagro en la vida de alguien! ¡Comparte amor, alimento y esperanza! Seguramente serás el mayor beneficiado. Un antiguo proverbio chino dice: «Un poco de perfume siempre queda, en las manos de quien ofrece flores». Al ayudar a los «pequeños», sabrás que estás ayudando al propio Jesús (Mat. 25: 40).
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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