La Palabra de Dios, como el carácter de su Autor, presenta misterios que nunca podrán ser enteramente comprendidos por los seres finitos. Pero Dios ha dado en las Escrituras suficiente evidencia de su autoridad divina. Su propia existencia, su carácter, la veracidad de su Palabra, lo corrobora un testimonio que toca a nuestra razón, y ese testimonio es abundante. Es cierto, él no ha eliminado la posibilidad de dudar; la fe debe apoyarse en la evidencia, no en la demostración; los que desean dudar tienen oportunidad de hacerlo, pero los que desean conocer la verdad tienen suficiente terreno para ejercer la fe…
La Biblia revela la verdad con tal sencillez y tal adaptación a las necesidades y los anhelos del corazón humano, que ha asombrado y encantado a los espíritus más cultivados, y al mismo tiempo ha explicado el camino de la vida al humilde e ignorante. “El que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviarán”. Isaías 35:8. Ningún niño tiene por qué equivocar el camino. Ningún buscador tembloroso necesita dejar de andar en la luz pura y santa… Cuanto más escudriñamos la Biblia, tanto más profunda es nuestra convicción de que es la Palabra del Dios viviente, y la razón humana se inclina ante la majestad de la revelación divina (La educación, pp. 169, 170).
El Espíritu Santo nos ha sido dado como una ayuda en el estudio de la Biblia. Jesús prometió: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Juan 14:26. Los que están bajo el adiestramiento del Espíritu Santo serán capaces de enseñar la Palabra con inteligencia. Y cuando se la hace el libro de texto, con fervientes súplicas por la conducción del Espíritu y con una completa entrega del corazón para ser santificado por la verdad, realizará todo lo que Cristo prometió. El resultado de tal estudio de la Biblia será mentes bien equilibradas; porque se desarrollarán armoniosamente las facultades físicas, mentales y morales. No habrá parálisis en el conocimiento espiritual. Se aguzará la comprensión, se despertará la sensibilidad, se sensibilizará la conciencia, se purificarán las simpatías y los sentimientos, se creará una atmósfera moral mejor, y se impartirá un nuevo poder para resistir la tentación. Y todos, tanto maestros como alumnos, se tornarán activos y fervientes en la obra de Dios (Special Testimonies on Education, p. 26; parcialmente en Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 98).
El Espíritu Santo y la Palabra están en perfecta armonía. El Espíritu Santo inspiró las Escrituras y siempre conduce hacia ellas…
La mente que es guiada por el Espíritu Santo, al investigar las Escrituras, contempla a su Autor y mediante esa contemplación brilla constantemente mientras él investiga la Palabra. Así es como el intelecto que aspira a alcanzar la norma de perfección es elevado para comprenderla (A fin de conocerle, p. 195).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
2do. Trimestre 2025 «ALUSIONES, IMÁGENES Y SÍMBOLOS: CÓMO ESTUDIAR LA PROFECÍA BÍBLICA»
Lección 01: «ALGUNOS PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN PROFÉTICA»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
