Dios es amor. El mal que hay en el mundo no proviene de sus manos, sino de nuestro gran adversario, cuya obra siempre ha sido depravar al hombre y debilitar y pervertir sus facultades. Pero Dios no nos ha dejado en la ruina causada por la caída… Somos su posesión comprada. La familia humana costó a Dios y a su Hijo Jesucristo un precio infinito.
El Redentor del mundo, el unigénito Hijo de Dios, por su perfecta obediencia a la ley, por su vida y carácter, redimió lo que se había perdido en la caída, e hizo posible que el hombre obedeciera la santa ley de justicia que Adán transgredió. Cristo no cambió su divinidad por humanidad, sino que combinó la humanidad con la divinidad; y en humanidad vivió la ley en favor de la familia humana. Los pecados de todo el que reciba a Cristo fueron cargados a su cuenta, y él ha cumplido plenamente la justicia de Dios (Fundamentals of Christian Education, p. 429).
Dios no creó el mal. Sólo hizo lo bueno, que era semejante a sí mismo. Pero Satanás no quedaría satisfecho con conocer y hacer la voluntad de Dios. Su curiosidad se esforzaba por extenderse a lo que Dios no se proponía que él conociese. El mal, el pecado y la muerte no fueron creados por Dios; son el resultado de la desobediencia, la cual tuvo su origen en Satanás. Pero el conocimiento del mal que hay ahora en el mundo fue introducido por la astucia de Satanás. Estas son lecciones duras y costosas; pero los hombres las aprenderán, y muchos nunca quedarán convencidos de que es una dicha ignorar cierta clase de conocimiento, el que brota de los deseos frustrados y los propósitos no consagrados. Los hijos e hijas de Adán son tan plenamente curiosos y presuntuosos como lo fue Eva al buscar el conocimiento prohibido. Alcanzan una experiencia, un conocimiento que Dios nunca quiso que tuviesen, y el resultado será, como lo fue con nuestros primeros padres, la pérdida del hogar edénico. ¿Cuándo aprenderán los seres humanos lo que ha sido expuesto tan plenamente ante ellos? (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp 475, 476).
“Dios es amor”. 1 Juan 4:16. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. Isaías 57:15; Habacuc 3:6; Santiago 1:17.
Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito. La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados…
La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios (Historia de los patriarcas y profetas, p. 11).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2025 «EL AMOR DE DIOS Y SU JUSTICIA»
Lección 7: «EL PROBLEMA DEL MAL»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
