El valor que Dios atribuye a la obra de sus manos, el amor que tiene por sus hijos, se revelan en el don que dio para redimir a los hombres. Adán cayó bajo el dominio de Satanás. Trajo el pecado al mundo, y por el pecado, la muerte. Dios dio a su Hijo unigénito para salvar al hombre. Lo hizo para poder ser justo y, con todo, el justificador de todos los que aceptan a Cristo. El hombre se vendió a Satanás, pero Jesús volvió a comprar a la especie humana…
Vosotros no os pertenecéis. Jesús os ha comprado con su sangre. No sepultéis vuestros talentos en la tierra. Usadlos para él. Sea cual fuere la ocupación en que estéis empeñados, llevad con vosotros a Cristo. Si encontráis que estáis perdiendo vuestro amor por vuestro Salvador, abandonad vuestra ocupación y decid: “Aquí estoy, mi Salvador; ¿qué quieres que haga?” El os recibirá con bondad y os amará sin reservas. Perdonará abundantemente, pues es misericordioso y paciente, y no quiere que ninguno perezca…
Nosotros, y todo lo que tenemos, pertenece a Dios. No debería- mos considerar un sacrificio el darle el afecto de nuestro corazón. El mismo corazón debería serle entregado como ofrenda voluntaria (Youth’s Instructor, noviembre 8, 1900).
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
“Capítulo 16”
Por: Elena G De White
Colaboradores:Liseth Orduz & Nay Badillo
