El esfuerzo perseverante es necesario— Lo que nos atrevimos a hacer una vez, estamos más inclinados a hacer otra vez. Los hábitos de sobriedad, dominio propio, economía, celosa aplicación, de conversaciones sanas y sensatas, de paciencia y verdadera cortesía; no se ganan sin una diligente y celosa vigilancia del yo. Es mucho más fácil desmoralizarse y depravarse que vender los defectos, mantener el dominio propio y cultivar las verdaderas virtudes. Se requerirán esfuerzos perseverantes, si. se quiere que alguna vez se perfeccionen las gracias cristianas en nuestra vida.—Testimonies for the Church 4:452.
Los niños corrompidos ponen en peligro a otros— Los padres temerosos de Dios deliberarán y harán planes para decidir la forma de educar a sus hijos dentro de buenos hábitos. Elegirán compañeros para sus hijos, en vez de permitirles que, en su inexperiencia, los elijan por sí mismos.—The Review and Herald, 24 de junio de 1890.
Los hijos formarán hábitos erróneos, si en su temprana niñez no son paciente y perseverantemente educados en la debida forma. Esos hábitos se desarrollarán en su vida futura y corromperán a otros. Aquellos cuya mente ha recibido un molde indigno, que se ha deteriorado por erróneas influencias del hogar, por prácticas engañosas, llevan consigo sus hábitos erróneos durante toda la vida. Si hacen una profesión de religión, esos hábitos se revelarán en su vida religiosa.—The Review and Herald, 30 de marzo de 1897.
El rey Saúl es un triste ejemplo— La historia del primer rey de Israel representa un triste ejemplo del poder de los malos hábitos adquiridos durante la primera parte de la vida. En su juventud, Saúl no había amado ni temido a Dios; y su espíritu impetuoso, que no había aprendido a someterse en temprana edad, estaba siempre dispuesto a rebelarse contra la autoridad divina. Los que en su juventud manifiestan una sagrada consideración por la voluntad de Dios y cumplen fielmente los deberes de su cargo, quedarán preparados para los servicios más elevados de la otra vida. Pero los hombres no pueden pervertir durante años las facultades que Dios les ha dado y luego, cuando decidan cambiar de conducta, encontrar estas facultades frescas y libres para seguir un camino opuesto.—Patriarcas y Profetas, 674.
Un niño puede recibir sana instrucción religiosa, pero si los padres, los maestros o los tutores permiten que su carácter se tuerza debido a un mal hábito, ese hábito, si no es vencido, se convertirá en un poder predominante, y el niño está perdido.—Testimonies for the Church 5:53.
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #9 * Elementos Fundamentales de la Edificación Del Carácter *
Capítulo 37: “ EL PODER DEL HÁBITO ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez
