jueves , 18 junio 2026
Notas de Ellen G. White 2025

El poder del ejemplo

 

Fue la fe de Caleb en Dios lo que le dio ánimo, lo que lo libró del temor de los hombres, incluso de los grandes gigantes, hijos de Anac, y lo capacitó para mantenerse firme y sin titubeos en defensa del bien. Es de esa misma exaltada fuente, el gran General de las huestes, que cada verdadero soldado de la cruz de Cristo ha de derivar fuerza y ​​valor para vencer los obstáculos que a menudo parecen ser invencibles. La ley de Dios es anulada y los que desean cumplir su deber han de estar siempre listos para hablar las palabras que Dios les dé, y no palabras de duda, desánimo y desesperación (Testimonios para la Iglesia, t. 5, p. 356).

Sin embargo, entre los doce que vieron la tierra, hubo dos que razonaron de otro modo. “Más podremos nosotros que ellos” ( Números 13:30 ), decían, considerando que la promesa de Dios era superior a los gigantes, las ciudades amuralladas o los carros de hierro. Para ellos, su palabra era cierta. Aunque compartieron con sus hermanos los cuarenta años de peregrinación, Caleb y Josué entraron en la tierra prometida. El primero, tan valiente como cuando salió de Egipto con las huestes del Señor, pidió y recibió como porción suya la fortaleza de los gigantes. Gracias al poder de Dios, expulsó a los cananeos. Fue dueño de los viñedos y bosquecillos de olivos que sus pies habían pisado. Aunque los cobardes y rebeldes perecieron en el desierto, los hombres de fe comieron las uvas de Escol.

No hay verdad que la Biblia presente tan claramente como la del peligro de apartarse, aunque sea una vez, de la justicia, peligro que afecta tanto al culpable de la mala acción como a todos los que están al alcance de su influencia. El ejemplo tiene un poder extraordinario y cuando se pone del lado de las malas tendencias de nuestra naturaleza, su poder llega a ser casi irresistible (La educación, pp. 149, 150).

Miles aceptarían la verdad si pudieran hacerlo sin negarse a sí mismos; pero estos nunca contribuirían a la causa de Dios. Jamás saldrían valientemente al encuentro del enemigo —el mundo, el amor a sí mismo y las pasiones de la carne— confiando en que su divino Director les diera la victoria. La iglesia necesita fieles Caleb y Josué que estén prontos a aceptar la vida eterna con la única condición que Dios impone: la obediencia. Nuestras iglesias sufren por falta de obreros. Nuestro campo es el mundo Necesitamos misioneros en las ciudades y los pueblos que están aún más subyugados por la idolatría que los paganos de Oriente, los cuales nunca vieron la luz de la verdad. El verdadero espíritu misionero ha abandonado las iglesias que hacen profesión de manera tan exaltada. El amor por las almas y el deseo de llevarlas al regazo de Cristo ha dejado de brillar en sus corazones. Buscamos trabajadores honestos. ¿Nadie responderá al clamor que se eleva de todos los rincones: “Pasa… y ayúdanos”. Hechos 16:9 (Testimonios para la Iglesia, t. 4, p. 156).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 8: «GIGANTES DE LA FE: JOSUÉ Y CALEB»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González

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