jueves , 30 abril 2026
Notas de Ellen G. White 2025

El Pan y el Agua de Vida

 

El Redentor del mundo conoce las necesidades de cada alma. Cuando estamos oprimidos y fatigados, él lo sabe, y es él quien nos provee del refrigerador espiritual. Pedidle; velad en oración, y vendrá. Jesús es el pan de vida, que se ha de comer todos los días; es el agua de vida para el alma sentada y desfalleciente, y todos pueden participar de su gracia.

Las cisternas de la tierra a menudo están vacías, sus estanques se secan; pero en Cristo hay un manantial vivo del que podemos beber continuamente. Por mucho que saquemos y demos a los demás, seguirá habiendo abundancia. No hay peligro de agotar el suministro, porque Cristo es el manantial inagotable de la verdad. Él ha sido la fuente de agua viva desde la caída de Adán. Dice: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba». Y «el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (The Signs of the Times, “Jesus at the Well of Sychar: The Water of Life”, 22 de abril, 1897, párr. 20, 21).

Jesús conocía las necesidades del alma. La pompa, las riquezas y los honores no pueden satisfacer el corazón. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Los ricos, los pobres, los encumbrados y los humildes son igualmente bienvenidos. Él promete aliviar el ánimo cargado, consolar a los tristes, dar esperanza a los abatidos. Muchos de los que oyeron a Jesús lloraban esperanzas frustradas; muchos alimentaban un agravio secreto; muchos estaban tratando de satisfacer su inquieto anhelo con las cosas del mundo y la alabanza de los hombres; pero cuando habían ganado todo encontraron que habían trabajado tan solo para llegar a una cisterna rota en la cual no podía aplacar su sed. Allí estaban en medio del resplandor de la gozosa escena, descontentos y tristes. Este clamor arrepentido: “Si alguno tiene sed”, los arrancó de su pesarosa meditación, y mientras escuchaban las palabras que siguieron, su mente se reanimó con una nueva esperanza. El Espíritu Santo presentó delante de ellos el símbolo hasta que vieron en él el inestimable don de la salvación.

El clamor que Cristo dirige al alma sentada sigue repercutiendo, y llega a nosotros con más fuerza que a aquellos que lo oyeron en el templo en aquel último día de la fiesta. El manantial está abierto para todos. A los cansados y exhaustos se ofrece la bebida refrigerante de la vida eterna. Jesús sigue clamando: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. “Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde”. “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para la vida eterna”. Apocalipsis 22:17; Juan 4:14 (El Deseado de todas las gentes, págs. 417, 418).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 7: «EL PAN Y EL AGUA DE VIDA»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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