«Estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos» (Mateo 28:20).
Es solo un muro, pero es el más famoso del mundo religioso. Y, tal vez, el más importante de la historia. En la Biblia, un día Jesús miró hacia Jerusalén y profetizó que allí no quedaría piedra sobre piedra. Décadas después, la capital de Israel fue devastada por los romanos bajo la tiranía del emperador Tito. Este hombre quería aplastar tanto la autoestima de los judíos que destruyó todo, menos un pedazo de muro. Lo dejó solo para recordarles constantemente a los sobrevivientes del desastre lo que Roma había hecho con ellos. ¡Qué crueldad!
Si visitas la ciudad de Jerusalén hoy, verás allí un muro antiguo rodeado de miles de personas todo el tiempo. Es el único recuerdo de lo que fue el fantástico Templo de Herodes, donde Cristo expulsó a los vendedores y curó al ciego de nacimiento.
Con grandes piedras blanquecinas por el paso del tiempo, el lugar fue llamado el Muro de los Lamentos y, casi dos milenios después, sigue siendo un sitio sagrado que mezcla nostalgia, preguntas, súplicas y mucha oración. Tanto así que, en las grietas de las piedras milenarias, hay incontables papeles con deseos y peticiones escritas por quienes lo visitan.
¿Cuál es tu muro de los lamentos? Muchas veces las cosas no salen bien en este lado del cielo y, cuando eso ocurre, necesitamos un rincón para desahogarnos, llorar y pedir; quizá pedir mucho. Una tragedia familiar, alguien enfermo, problemas económicos o un giro inesperado en los sueños pueden llevarnos a buscar un lugar donde apoyarnos y encontrar fuerzas.
Pero puedes hablar con Dios en cualquier lugar. Una almohada mojada por lágrimas, la sombra de un árbol, el banco vacío de una iglesia o incluso una parada de autobús pueden convertirse en lugares de oración.
Nunca olvides que conocer a Dios no significa vivir sin dificultades. Significa construir una vida con fundamentos firmes, capaz de resistir las tormentas. Las luchas pueden convertirse en momentos para mirar hacia arriba y confiar en el amor del Padre celestial, aun cuando no entendamos todo lo que sucede.
Siempre puedes apoyarte en Él cuando lo necesites, incluso si solo quieres expresarle tus preocupaciones y tristezas.
Y ni siquiera necesitas viajar a Jerusalén para ser escuchado.
Mira a tu lado. Dios está cerca.
Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez
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