domingo , 20 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2026

El misterio de la piedad

 

Antes de que fuera conferido este admirable e incomparable don, todo el universo celestial estaba profundamente conmovido por el esfuerzo de comprender el insondable amor de Dios, conmovido por despertar en el corazón humano una gratitud proporcional al valor de ese don. Nosotros, por quienes Cristo ha dado su vida, ¿vacilaremos entre dos opiniones? ¿Le daremos a Dios tan solo una pizca de nuestras facultades naturales? ¿Le devolveremos tan solo una parte de las capacidades y facultades que nos ha prestado Dios? ¿Podemos hacer esto al paso que sabemos que Aquel que era el Comandante de todo el cielo… comprendiendo la impotencia de los hombres, vino a esta tierra revestido de naturaleza humana, para que pudiéramos unir nuestra humanidad con su divinidad?

Se hizo pobre para que pudiéramos entrar en posesión de los tesoros celestiales, un alto y sobremanera eterno peso de gloria. Para rescatar a la raza humana, descendió de una humillación a otra, hasta que el divino humano Cristo doliente fue levantado en la cruz para atraer a todos los hombres a sí. El Hijo de Dios no podría haber mostrado mayor condescendencia: no podría haberse rebajado más.

Este es el misterio de la piedad… Este es el misterio que ha conmovido a todo el cielo a unirse con el hombre para llevar a cabo el gran plan de Dios para la salvación de un mundo arruinado, para que los hombres y las mujeres pudieran ser guiados por las señales en el cielo y en la tierra a prepararse para la segunda venida de nuestro Señor…

Como Cabeza de la iglesia, Cristo llama con autoridad a cada persona que dice creer en él para que siga su ejemplo de abnegación y sacrificio propio… Son llamados para congregarse sin demora bajo el estandarte manchado de sangre de Cristo Jesús. Sin retener nada, deben hacer una ofrenda completa para alcanzar resultados eternos y sin comparación: la salvación de las almas (That I May Know Him, p. 81; parcialmente en A fin de conocerle, 16 de marzo, p. 82).

La divinidad de Cristo debe ser constantemente sustentada. Cuando el Salvador preguntó a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Mateo 16:15, 16. Dijo Cristo “sobre esta roca”, no sobre Pedro, sino sobre el Hijo de Dios, “edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Vers. 18.

Grande es el misterio de la piedad. Hay misterios en la vida de Cristo que deben ser creídos aun cuando no puedan ser explicados (Alza tus ojos, 13 de febrero, p. 56).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
1er. Trimestre 2026 «UNIENDO EL CIELO Y LA TIERRA»
Lección 4: «UNIDAD MEDIANTE LA HUMILDAD»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González

Para Más Meditaciones Visita:
www.meditacionesdiarias.com

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