«Sigo predicando este mensaje como embajador de Dios». (Efesios 6:20)
Sé que no existen los cuentos de hadas, pero imagina una escena sacada de uno de esos relatos, de esas historias increíbles que nos fascinaban en la infancia. ¿Lo tienes? ¿Había una princesa cerca de un lago? ¿Quizá un castillo medieval junto a la orilla? ¿Y enormes montañas como guardianes, con rocas nevadas que protegen la escena? ¿Algo así?
Pues bien, este lugar existe y está en Canadá. Uno de los sitios más admirados de ese país se encuentra en la provincia de Alberta. Su destino turístico más famoso es el lago Louise. ¿Suena hermoso, cierto?
Sus aguas tienen un tono increíblemente esmeralda, como si alguien las hubiera pintado. La superficie se extiende como un manto de vidrio, rodeado de piedras y jardines de flores. Un hotel tradicional, que parece un palacio real, se alza en medio de este reino encantado. La nieve que cubre los picos de las montañas hace que el cielo parezca aún más azul.
El nombre Louise es un homenaje a la princesa Louise, cuarta hija de la famosa reina Victoria del Reino Unido. No está en los libros de historia, pero cualquier leyenda aseguraría que aquí ella podría haber encontrado a su príncipe, con caballo blanco y todo. ¿No sería perfecto?
Bueno, dejando los sueños de lado, el lago Louise me hace reflexionar sobre algo precioso: ¿sabías que tú y yo también somos hijos de un Rey? Quizá no tengamos un lago en nuestro honor, pero somos herederos del trono más valioso del universo. ¿Qué te parece?
Cuando alguien intente arruinar tu día o burlarse de tus sueños cristianos, ignora las críticas y recuerda tu origen real. Si eres hijo de Dios, entonces tu Padre es dueño de todo, siempre. Si los billones de trillones de estrellas y mundos suspendidos en el cosmos caben en una de sus manos, ¿por qué dudar de su protección?
Enfrenta este día como lo hicieron José, Abraham, Juan el Bautista y María. Uno superó la envidia de sus hermanos, otro obedeció órdenes impensables de Dios, el precursor de Cristo predicó en el desierto, y la madre de Jesús era joven pero increíblemente valiente.
¿Y tú? ¿No harás lo mismo si confías en el Rey de tu vida? Haz de hoy un paseo por el palacio de los sueños de Dios para ti. No hay mejor día que el sábado para hacerlo.
Somos príncipes y princesas de una soberana majestad que fue a la cruz para compartir su corona con nosotros. ¡Eso es hermoso! Una increíble historia encantada… y lo mejor: es absolutamente cierta.
Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez
