Tenemos un enemigo poderoso, y no solo odia a todo ser humano hecho a imagen de Dios, sino que con la más encarnizada enemistad odia a Dios y a su Hijo unigénito Jesucristo. Cuando los hombres se entregan para ser esclavos de Satanás, él no manifiesta hacia ellos la enemistad que manifiesta hacia los que llevan el nombre de Cristo y se entregan al servicio de Dios. Los odia con un odio mortal. Sabe que puede contristar a Jesús poniéndolos bajo el poder de sus engaños, hiriéndolos, debilitando su fe, haciéndolos incapaces de prestar a Dios el servicio que se les exige bajo su Capitán Jesucristo. Satanás permitirá cierto grado de descanso a los que están atados como esclavos a su carro, porque son sus cautivos voluntarios; pero su enemistad se despierta cuando el mensaje de misericordia llega a sus esclavos, y estos procuran zafarse de su poder a fin de seguir al verdadero Pastor. Entonces es cuando él procura atarlos con cadenas adicionales para mantenerlos en su cautiverio. El conflicto entre el alma y Satanás comienza cuando el cautivo empieza a tirar de la cadena y anhela ser libre; porque es entonces cuando el agente humano empieza a cooperar con las inteligencias celestiales, cuando la fe se aferra a Cristo. Entonces es cuando el Más Fuerte que el hombre fuerte armado es el ayudador del alma, y el pobre cautivo es fortalecido por el Espíritu Santo para obtener su libertad.
Dios tiene un amor profundo y ferviente por cada miembro de la familia humana; ninguno es olvidado, ninguno es dejado indefenso y engañado para ser vencido por el enemigo. Si los que se han alistado en el ejército de Cristo se visten con toda la armadura de Dios y la usan, estarán a prueba de todos los asaltos del enemigo. Aquellos que realmente desean ser enseñados por Dios y andar en sus caminos tienen la promesa segura de que, si sienten su falta de sabiduría y le piden a Dios, él les dará abundantemente y no los reprenderá. El apóstol dice: “Pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”. Santiago 1:6-8. Dios garantiza cada promesa, y no podemos deshonrarlo más que cuando cuestionamos y dudamos, cuando pedimos y no creemos, y cuando hablamos de duda. Si no recibís inmediatamente lo que habéis pedido, ¿seguiréis en la hosquedad y la incredulidad? Creed; creed que Dios hará exactamente lo que ha prometido. Mantened vuestras oraciones ascendentes, y velad, trabajad y esperad. Pelead la buena batalla de la fe. Decid a vuestro corazón: “Dios me ha invitado a venir. Él ha escuchado mi oración. Ha empeñado su palabra de que me recibirá, y cumplirá su promesa. Puedo confiar en Dios, porque tanto me amó que dio a su Hijo unigénito para que muriera por mí. El Hijo de Dios es mi Redentor”. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Mateo 7:7. “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lucas 11:13 (Fundamentals of Christian Education, p. 299).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 5: «DIOS PELEA POR USTEDES»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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