«Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en medio del paraíso de Dios».
Apocalipsis 2: 7
El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después de. que el ser humano fuera expulsado de sus agradables senderos. Durante mucho tiempo después, se le permitió a la raza caída contemplar de lejos el hogar de la inocencia, cuya entrada estaba vedada por los vigilantes ángeles. En la puerta del paraíso, custodiada por los querubines, se revelaba la gloria divina. Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del Edén. Cuando la ola de iniquidad cubrió al mundo, y la maldad de los seres humanos trajo su destrucción por medio del diluvio, la mano que había plantado el Edén lo quitó de la tierra. Pero en la final restitución, cuando haya «un cielo nuevo, y una tierra nueva» (Apoc. 21: 1), ha de ser restaurado más gloriosamente embellecido que al principio.
Entonces los que hayan guardado los mandamientos de Dios respirarán llenos de inmortal vigor bajo el árbol de la vida; y a través de las edades sin fin los habitantes de los mundos sin pecado contemplarán en aquel huerto de delicias un modelo de la perfecta obra de la creación de Dios, incólume de la maldición del pecado, una muestra de lo que toda la tierra hubiera llegado a ser si el ser humano hubiera cumplido el glorioso plan de Dios.— Patriarcas y profetas, cap. 3, pp. 41.
Adán es restablecido a su primitiva soberanía. Transportado de gozo, contempla los árboles que hicieron una vez su delicia, los mismos árboles cuyos frutos recogiera en los días de su inocencia y dicha. Ve las vides que sus propias manos cultivaron, las mismas flores que se gozaba en cuidar en otros tiempos. Su espíritu abarca toda la escena; comprende que este es en verdad el Edén restaurado y que es mucho más hermoso ahora que cuando él fue expulsado.— El conflicto de los siglos, cap. 41 , p. 630.
Reintegrados en su derecho al árbol de la vida, en el Edén que habían perdido hace tanto tiempo, los redimidos crecerán hasta alcanzar la estatura perfecta de la raza humana en su gloria primitiva. Las últimas señales de la maldición del pecado serán quitadas, y los fieles discípulos de Cristo aparecerán en «la hermosura de Jehová nuestro Dios» (Sal. 90: 17), reflejando en espíritu, cuerpo y alma la imagen perfecta de su Señor. ¡Oh maravillosa redención, tan descrita y esperada, contemplada con anticipación febril, pero jamás enteramente comprendida!
— Ibíd., p. 627.
EL REINO DE GLORIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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