jueves , 16 julio 2026
Notas de Ellen G. White 2025

El código del pacto

 

Como Creador de todo, Dios es gobernador de todo, y está comprometido a hacer cumplir su ley en todo el universo. Esperar de sus criaturas menos que la perfecta obediencia a su ley sería abandonarlas a la ruina. No castigar la transgresión de la ley sería confundir al universo. La ley moral es el muro que Dios interpone entre el agente humano y el pecado. Así, la sabiduría infinita ha puesto ante los hombres la distinción entre el bien y el mal, entre el pecado y la santidad…

Las Escrituras establecen claramente que Dios es el Gobernante, y que el hombre está bajo la más alta obligación de reconocerlo, y de obedecer su ley con corazón y mente, confiando en su poder para ayuda y protección. Esta ley a la que el hombre es llamado a obedecer como norma de justicia para el universo, es el sabio y santo consejo de Dios. Es una ley moral, y tiene su fundamento en la diferencia entre el bien y el mal. La ley moral es universal; la ley positiva no es necesariamente universal, sino que puede restringirse o ampliarse según la voluntad del legislador. La ley moral debe ser inmutable, mientras que la ley positiva puede ser modificada o abolida, a elección del legislador.

El Decálogo, el código moral de Dios, consta de diez preceptos grabados en piedra por el dedo de Dios. Estos preceptos encierran todo el deber del hombre. Los cuatro primeros definen el deber del hombre para con su Dios; los seis últimos, el deber del hombre para con sus semejantes. Estos dos grandes principios fueron reconocidos por el Salvador, pues declaró que toda la ley pendía del amor a Dios y del amor al hombre. Se pueden encontrar otros mandamientos en las Escrituras, pero solo como una ampliación del contenido de los diez preceptos del Decálogo (The Signs of the Times, 5 de junio, 1901, párr. 5, 7, 8).

La ley de Dios que se encuentra en el Santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta. Los que llegaron a comprender este punto importante fueron inducidos a reconocer el carácter sagrado e invariable de la ley divina. Comprendieron mejor que nunca la fuerza de las palabras del Salvador: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley”. Mateo 5:18 (VM). Como la ley de Dios es una revelación de su voluntad, un trasunto de su carácter, debe permanecer para siempre “como testigo fiel en el cielo”. Ni un mandamiento ha sido anulado; ni un punto ni una tilde han sido cambiados. Dice el salmista: “¡Hasta la eternidad, oh Jehová, tu palabra permanece en el cielo!” “Seguros son todos sus preceptos; establecidos para siempre jamás”. Salmo 119:89; 111:7, 8 (El conflicto de los siglos, p. 430).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 9: «CÒMO VIVIR LA LEY»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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