«Me has dado a conocer el camino de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia y de dicha eterna a tu derecha»
salmo 16: 11.
El periodista estadounidense Norman Cousins recibió un duro diagnóstico: padecía una grave enfermedad, «sin cura>>, en la columna. Cuando aparentemente le restaban pocos meses de vida, tuvo que permanecer un tiempo internado en un hospital, pero hallaba ese ambiente tan triste que se mudó a un hotel, donde recibía los cuidados de una enfermera.
A pesar de tener el cuerpo casi totalmente paralizado, Cousins decidió no dejarse dominar por la tristeza. Todas las tardes recibía a amigos y, juntos, veían comedias, entablaban conversaciones alegres, reían y confraternizaban. Después de esas tardes alegres, comenzó a dormir mejor, a tener más apetito y más disposición para hacer los tratamientos indicados. Para sorpresa de los médicos se recuperó rápidamente, y escribió el libro Anatomía de una enfermedad, en el que cuenta cómo el buen humor lo ayudó a recuperarse de una grave enfermedad.
El mal humor nos priva de recibir estos efectos positivos descritos por Cousins. Puede ser que nuestro mal humor sea la consecuencia de que nos han detectado una enfermedad; puede deberse a alteraciones del organismo o al estrés; puéde ser causado por la pérdida de un ser querido; o puede ser simplemente un rasgo genético. También la mala alimentación contribuye al cambio de humor. Por ejemplo, como dice Elena G. de White, «el consumo de azúcar causa fermentación y embota la mente y provoca mal humor» (Consejos sobre alimentación, cap. 19, pág. 277). Sea como fuere, hay que combatir el mal humor.
A veces es necesario entrenarnos hasta qué lleguemos a crear el hábito de tener buen humor. Por eso, ayúdate a ti misma. Cuando estés irritada, recuerda cosas agradables, como la acción amable de alguien, un elogio sincero que recibiste, un paseo agradable, un lugar bonito, una historia graciosa, un amigo en quien confías..; experimenta la gratitud por lo que tienes: tu cuerpo, las personas que se preocupan por ti, la esperanza, el cielo que nos espera… «De todas las cosas que se buscan, que se anhelan y se cultivan, no hay nada tan valioso ante la vista de Dios como un corazón puro, una disposición llena de agradecimiento y paz» Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 4 pág. 552.
En el cielo no hay espacio para los malhumorados. Necesitamos desarrollar aquí en la tierra buenos rasgos de carácter.
Permite que el Espíritu Santo te conceda una disposición agradable y atrayente, y que prepare tu carácter para vivir en el cielo con Jesús.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
