El amor es un precioso don que recibimos de Jesús. El afecto puro y santo no es un sentimiento, sino un principio. Los que son movidos por el amor verdadero no carecen de juicio ni son ciegos. Enseñados por el Espíritu Santo, aman supremamente a Dios y su prójimo como a sí mismos.
Los que piensan en casarse deben pesar cada sentimiento y cada manifestación del carácter de la persona con quien se proponen unir su suerte. Cada paso dado hacia el matrimonio debe ser acompañado de modestia, sencillez y sinceridad, así como del serio propósito de agradar y honrar a Dios. El matrimonio afecta la vida ulterior en este mundo y en el venidero.
El cristiano sincero no hará planes que Dios no pueda aprobar.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 14—EL NOVIAZGO Y EL MATRIMONIO—CAP 148—
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
