EL AMOR DE DIOS ATRAVIESA LOS MUROS DE UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN RUSO 

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o desnudez, o peligro, o espada? …Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. Romanos 8:35-37 

El amor de Dios alcanza a la gente en cada circunstancia de sus vidas. En medio del desengaño, del desastre y aun de la misma muerte, el amor de Dios está presente; como también lo está entre las lágrimas, la tragedia y el terror. Lo está ante la enfermedad, el sufrimiento, el pesar, las preocupaciones, los deseos y aun la guerra.

Atraviesa hasta los muros de las prisiones. En la otrora Unión Soviética, el amor de Dios se manifestó en lugares inusuales. Cuando encarcelaron a los cristianos, el amor de Dios triunfó.

En 1983, la Unión Soviética arrestó a Valentina, una joven de 27 años, por llevar material de lectura cristiana. La joven creyente, dueña de una sonrisa encantadora y fe de acero, fue a dar a un gulag, un campo de trabajos forzados en Siberia, conocido como el “Valle de la Muerte” por su elevado índice de mortalidad. En é1, los prisioneros se sentían completamente aislados del mundo. Era un sitio destinado a aplastar el espíritu humano.

No obstante, Valentina descubrió que aún allí Dios podía “suplir lo que le faltaba”. En la sordidez de ese campo de trabajos forzados, conoció a Natasha, otra joven cristiana con quien en medio de la noche se escapaba de las barracas, para orar y conversar bajo los cielos abiertos… A pesar de sus respectivas circunstancias, Valentina y Natasha disfrutaron de una hermosa camaradería.

—Cantábamos y orábamos por un rato —recuerda Valentina—, y luego nos íbamos a nuestras respectivas barracas para recobrarnos un poco del frío. Después volvíamos a salir para encontrarnos de nuevo. A veces, sólo nos quedábamos paradas, en silencio, mirando juntas el cielo. Nada nos gustaba más que el cielo’.

Durante sus cinco años de cautiverio, Valentina nunca sintió que Dios la hubiera abandonado, al contrario, lo sintió siempre muy cerca de ella. Más de una vez, al recibir una carta con citas bíblicas, comprobó que traía justamente la respuesta a algún pedido o a alguna inquietud suya. Sentía que Dios se comunicaba directamente con ella.

Cuando al fin quedó libre, en 1987, Valentina resumió su experiencia con las palabras de Pablo a los romanos: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o desnudez, o peligro, o espada? …Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Romanos 8:35-37)

Dios también está en las circunstancias que usted y yo habremos de atravesar hoy. Aceptemos esta realidad divina y viva, con la certeza del cuidado amoroso de Dios.

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