Aconteció que cuando Moisés llegó al campamento y vio el becerro y las danzas, se enfureció y arrojó de sus manos las tablas, y las quebró al pie del monte (Éxodo 32: 19).
Para Moisés, estar frente a la presencia de Dios fue una experiencia que contados mortales han podido experimentar sin ser destruidos. Habían pasado cuarenta días y cuarenta noches sin que Moisés hubiera bebido agua y probado alimento. Estar frente al Pan de vida, frente al Agua de vida, frente al Dios todopoderoso, suplía sus energías y su saciedad. El tiempo y el espacio no eran importantes.
Mientras este grandioso líder espiritual hablaba con Dios, el pueblo se desenfrenaba porque le parecía que cuarenta días y cuarenta noches era demasiado tiempo. Quizá Moisés había muerto en la montaña; quizá había caído a un acantilado y su cuerpo se encontraba inerte en el fondo de un barranco: No sabemos qué le haya acontecido (Éxodo 32: 23), gritaba la multitud, y presionaba a Aarón para que le hiciera un dios que pudiera adorar. Aarón talló con el oro recolectado un burdo becerro de oro. La gente enloqueció en su lujuria e, increíblemente, después de tanta evidencia a favor del poder de Dios ahora gritaban irreconocibles en adoración a los dioses que los habían librado de Egipto. Satanás se apoderó de sus mentes llevándolos no solo a una idolatría colectiva, sino a una orgía pecaminosa que los arrastró a la depravación.
Moisés, al bajar de la montaña, no pudo creer lo que sus ojos le mostraron. Semejante escenario le hizo llenarse de un celo santo por la presencia de Dios y rompió las tablas de la ley, no sin después quemar el becerro de oro y disolverlo en agua. Entre tanto, los levitas mataron a tres mil idólatras en el campamento.
La historia se repite generación tras generación. Mientras algunos pocos buscan a Dios y se consagran a su causa, miles o millones más viven desenfrenados en sus orgías e idolatrías. Nada es importante ni sagrado y deliberadamente se burlan de la fe de aquellos que han subido a la montaña. Se mofan de aquellos que los amonestan y les preguntan: ¿Dónde está tu Dios? Ha pasado tanto tiempo desde que dijo que regresaría. ¡No sabes qué le ha pasado! Desde que tengo uso de razón escucho que dicen que viene pronto, ¡nada pasa! ¡Mira, este es mi becerro! ¡Estos son mis dioses, mi plata y mi oro! Sigue con tu Dios porque yo puedo vivir sin él.
¿Piensas igual? ¿Crees que es demasiado tiempo? Cuando sirves a Dios y estás con él en la montaña, el tiempo y el espacio no importan. Lo verdaderamente significativo es que Dios pronto vendrá, estés preparado o no. ¡Él vendrá! Hayas muerto o vivas, ¡él vendrá! ¿Quieres prepararte ahora? Recuerdaque todo es por su gracia.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Esther Peláez
