jueves , 1 octubre 2026
Notas de Ellen G. White 2025

Dios pelea por ustedes

 

Las naciones paganas habían mirado con oprobio al Señor y a su pueblo porque los hebreos no habían tomado posesión de Canaán, como lo esperaban, poco después de haber abandonado Egipto. Sus enemigos se habían regocijado porque Israel había errado tanto tiempo en el desierto, y habían declarado en son de burla que el Dios de los hebreos no podía introducirlos en la tierra prometida. Ahora el Señor había manifestado señaladamente su poder y favor al abrir el Jordán ante su pueblo, y sus enemigos ya no podían tenerlos en oprobio (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 519, 520).

La destrucción total de los habitantes de Jericó no fue sino el cumplimiento de las órdenes dadas previamente por medio de Moisés con respecto a las naciones de los habitantes de Canaán: “Del todo las destruirás”. “De las ciudades de estos pueblos, … ninguna persona dejarás con vida”. Deuteronomio 7:2; 20:16. Muchos consideran estos mandamientos como contrarios al espíritu de amor y de misericordia ordenado en otras partes de la Biblia; pero eran en verdad dictados por la sabiduría y bondad infinitas. Dios estaba por establecer a Israel en Canaán, para desarrollarlo en una nación y un gobierno que fuesen una manifestación de su reino en la tierra. No solo habían de ser los israelitas herederos de la religión verdadera, sino que habían de difundir sus principios por todos los ámbitos del mundo. Los cananeos se habían entregado al paganismo más vil y degradante; y era necesario limpiar la tierra de lo que con toda seguridad habría de impedir que se cumplieran los bondadosos propósitos de Dios.

A los habitantes de Canaán se les habían otorgado amplias oportunidades de arrepentirse. Cuarenta años antes, la apertura del mar Rojo y los juicios caídos sobre Egipto habían atestiguado el poder supremo del Dios de Israel. Y ahora la derrota de los reyes de Madián, Galaad y Basán, había recalcado aún más que Jehová superaba a todos los dioses. Los juicios que cayeron sobre Israel a causa de su participación en los ritos abominables de Baal-peor, habían demostrado cuán santo es el carácter de Jehová y cuánto aborrece la impureza. Los habitantes de Jericó conocían todos estos acontecimientos, y eran muchos los que, aunque se negaban a obedecerla, participaban de la convicción de Rahab, de que Jehová, el Dios de Israel, era “Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra”. Como los antediluvianos, los cananeos vivían solo para blasfemar contra el Cielo y corromper la tierra. Tanto el amor como la justicia exigían la pronta ejecución de estos rebeldes contra Dios y enemigos del hombre (Historia de los patriarcas y profetas, p. 525).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 5: «DIOS PELEA POR USTEDES»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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