sábado , 15 agosto 2026
Notas de Ellen G. White 2025

¿Despojar o aniquilar?

 

La ciudad de Jericó estaba entregada a la idolatría más extravagante. Los habitantes eran muy ricos, pero todas las riquezas que Dios les había dado las consideraban como el don de sus dioses. Tenían oro y plata en abundancia; pero, como el pueblo antediluviano, eran corruptos y blasfemos, e insultaban y provocaban al Dios del cielo mediante sus obras malvadas. Los juicios de Dios se despertaron contra Jericó, que era una fortaleza. Pero el mismo Capitán de la hueste del Señor vino del Cielo para dirigir a los ejércitos celestiales en un ataque a la ciudad. Ángeles de Dios asieron las masivas murallas y las derribaron. Dios había dicho que la ciudad de Jericó debía ser maldita y que todos deberían perecer excepto Rahab y su familia. Se debía salvar a estos por el favor que Rahab había hecho a los mensajeros del Señor (Testimonios para la Iglesia, t. 3, p. 292).

¿Cómo endurece el Señor los corazones de los hombres? De la misma manera en que fue endurecido el corazón de Faraón. Dios envió a este rey un mensaje de advertencia y misericordia, pero él se negó a reconocer al Dios del cielo y no quiso obedecer sus mandamientos. Preguntó: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz?”

El Señor le dio evidencia de su poder realizando señales y milagros delante de él. El gran Yo Soy familiarizó a Faraón con sus obras maravillosas, mostrándole que era el gobernante de cielo y tierra, pero el rey eligió desafiar al Dios del cielo. No consintió en humillar su empecinado corazón ni aun delante del Rey de reyes, para poder recibir la luz; estaba determinado a seguir su propio camino, llevando hasta lo último su rebelión. Eligió hacer su propia voluntad, y puso a un lado el mandato de Dios, y la misma evidencia de que Jehová estaba sobre todos los dioses de las naciones, sobre todos los sabios y magos, solo sirvió para cegar su mente y endurecer su corazón.

Si Faraón hubiera aceptado la evidencia del poder de Dios dada en la primera plaga, se hubiera ahorrado todos los juicios que siguieron. Pero su marcada tozudez pedía aún mayores demostraciones del poder de Dios, y las plagas cayeron una tras otra hasta que finalmente fue llamado a mirar el rostro sin vida de su propio primogénito y de los de su raza, mientras que los hijos de Israel, a quienes él tenía como esclavos, no sufrieron daño de las plagas, ni fueron tocados por el ángel destructor. Dios mostró sobre quiénes descansaba su favor, quiénes constituían su pueblo.

Cada evidencia adicional del poder de Dios que el monarca egipcio resistía, lo conducía a desafiar a Dios con más fuerza y persistencia… Este caso es una ilustración clara del pecado contra el Espíritu Santo. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Gradualmente el Señor retiró su Espíritu. Al quitar su poder refrendador, el rey quedó a merced del peor de los tiranos: el yo (Conflicto y valor, p. 89).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 5: «DIOS PELEA POR USTEDES»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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