Moisés rogó al Señor y dijo: “He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová”. El Señor le aseguró entonces, mediante el milagro de la vara convertida en serpiente y de la mano que se volvió leprosa, que con tales señales y prodigios haría temer a los egipcios y al faraón, para que no se atrevieran a hacerle daño. Con estas señales aseguró a Moisés que convencería al rey y a su pueblo de que un Ser mayor que él manifestaba su poder ante ellos. Sin embargo, después de realizar muchos milagros ante el faraón a la vista del pueblo, este no dejaría sal ir a Israel. Moisés deseaba ser eximido de la laboriosa tarea. Alego como excusa ser torpe de palabra. Es decir, había estado tanto tiempo lejos de los egipcios, que no tenía un conocimiento tan claro y un uso tan fluido de su lengua como cuando estaba entre ellos.
El Señor reprendió a Moisés por su temerosidad, como si el Dios que lo eligió para realizar su gran obra fuera incapaz de capacitarlo para ello, o como si Dios se hubiera equivocado al elegirlo. “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” ¡Qué apelación! ¡Qué reprimenda a los descontados!
“Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar”. Suplicó al Señor que eligiera a una persona más adecuada. La renuencia de Moisés procedía al principio de la humildad, de una modesta desconfianza. Pero después de que Dios prometiera eliminar sus dificultades, y estar con su boca, y enseñarle lo que debía decir, y darle finalmente éxito en su misión, el que siguiera manifestando reticencia desagradaba a Dios. Su renuencia a ejecutar la misión para la que Dios le había conservado la vida, y le había capacitado para realizar, después de que Dios le asegurara su presencia constante, demostraba incredulidad y un desánimo criminal, así como desconfianza en Dios mismo. El Señor lo reprendió por esta desconfianza. La liberación de Israel de Egipto, en la forma en que Dios se proponía realizar la obra, le parecía a Moisés imposible (Spirítual Gifts, t. 3, pp. 192, 193).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 2: «LA ZARZA ARDIENTE»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
