[soundcloud id=’302562120′]
«Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento» (Salmo 23: 4).
Hace años mi esposo perdió su trabajo. Caímos en una situación desesperada. Sentí como si la vida nos hubiera arrastrado en espiral y no encontráramos forma de escapar del valle de la desesperación. Todo a nuestro alrededor parecía sombrío. Me sentía sola, sin amigos, sin esperanza y angustiada porque nadie entendía nuestra situación. Nuestra hija estaba en la universidad y nuestro hijo en secundaria, y ambos tenían necesidades. ¿Cómo podríamos mantenerlos en escuelas de iglesia bajo tales limitaciones financieras?
A menudo leemos pasajes conocidos de la Biblia, como el Salmo 23, pero no nos detenemos en ellos el tiempo suficiente como para comprenderlos bien. Hay momentos en que enfrentamos obstáculos que nos parecen insuperables y clamamos a Dios. Es durante esos momentos que pasajes como el de hoy se convierten en nuestra mayor ayuda.
Creo que todo el que invoque el nombre del Señor será rescatado. Jesús es siempre la respuesta, pero ¿cuántas veces somos incapaces de recurrir a él cuando estamos en el oscuro valle de la desesperación? Durante los momentos difíciles que nosotros tuvimos que atravesar como familia, la apacible voz de Dios me impresionó a ayunar y a orar. Me sentí renovada y fortalecida, y con la certeza de que él no nos abandonaría en aquel momento.
Entonces, nuestra cuenta de electricidad se venció y no teníamos dinero para pagarla. No se lo dije a nadie, únicamente al Dueño de todo: «¡Oh Dios, por favor, ten piedad de nosotros! Envíanos ayuda para que no nos desconecten la luz». Luego acudí a la Biblia, y Dios me recordó que «antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído» (Isa. 65: 24).
Durante ese tiempo de incertidumbre, fui un día al buzón, como de costumbre. Abrí una carta inesperada de mi padre, que vivía a mil kilómetros de distancia, en la que me decía: «Sentí que debía ir al banco y sacar dinero para enviártelo. Aquí lo tienes». ¡Quinientos dólares! Yo no le había pedido nada, ni siquiera me había quejado. Sin embargo, Dios vio mi necesidad mucho antes de que yo hubiera clamado, y nos proporcionó lo que necesitábamos. Los quinientos dólares pagaron nuestras facturas y compramos provisiones para nuestra familia.
Confía en el Señor cuando estés en el oscuro valle de la desesperación.
Eveythe Kennedy Cargill
#MatinalDeDamas
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2017
“Vivir Su Amor”
Por: Ardis Stenbakken
