Jesús es la escalera hacia el cielo … y Dios nos invita a subir por ella. Pero no podemos hacerlo mientras estemos cargados de los tesoros terrenales. Nos engañamos a nosotros mismos cuando anteponemos las conveniencias y ventajas personales a las cosas de Dios. No hay salvación en las posesiones o comodidades terrenales. Un hombre no es exaltado a la vista de Dios ni considerado bueno por él, porque posee riquezas terrenales. Si nos hacemos expertos en el arte de subir… debemos abandonar todo estorbo. Los que suben deben afirmar bien los pies en cada peldaño de la escalera.
Somos salvos mientras escalamos peldaño tras peldaño de la escalera, mirando a Cristo, asiéndonos de Cristo, subiendo paso a paso hasta las alturas de Cristo, de modo que él nos sea sabiduría y justificación y santificación y redención. La fe, la virtud, el conocimiento, la temperancia, la paciencia, la piedad, el amor hermanable y la caridad son los peldaños de esa escalera.
Se necesitan la fortaleza de ánimo, el valor, la fe y una confianza implícita en el poder de Dios para salvar. Estas gracias celestiales no se adquieren en un momento; se obtienen a través de la experiencia de los años. Pero cada sincero y ferviente servidor de Cristo llegará a ser participante de la naturaleza divina. Su alma rebosará de un intenso anhelo de conocer la plenitud de aquel amor que sobrepuja todo conocimiento. A medida que avance en la vida divina estará más capacitado para apropiarse de las elevadas y ennoblecedoras verdades de la Palabra de Dios hasta que, por medio de la contemplación, sea transformado y pueda reflejar la semejanza de su Redentor.
Hijo, hija de Dios, los ángeles observan el carácter que desarrolla, sopesan sus palabras y acciones; por tanto, preste atención a sus caminos… compruebe si está en el amor de Dios.
Amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo es la auténtica santificación (The Faith I Live By, p. 120; parcialmente en La fe por la cual vivo, 24 de abril, p. 122).
Día tras día y hora tras hora debe haber en el interior un vigoroso proceso de renunciamiento propio y de santificación; y entonces las obras exteriores testificarán que Jesús mora en el corazón por la fe. La santificación no le cierra al conocimiento las avenidas del alma, sino que expande la mente y la inspira en la búsqueda de la verdad como si fuera un tesoro escondido; y el conocimiento de la voluntad de Dios promueve la obra de santificación. Hay un cielo y ¡cuán fervientemente debiéramos luchar por llegar a él! … Creed que él está dispuesto a ayudaros con su gracia cuando acudís a él con sinceridad. Debéis pelear la buena batalla de la fe. Debéis ser atletas esforzados por obtener la corona de la vida. Luchad, porque las garras de Satanás están sobre vosotros; y si no os esquiváis quedaréis paralizados y perdidos. El enemigo está a la mano derecha, y a la izquierda y delante de vosotros y detrás; y debéis hollarlo debajo de vuestros pies. Luchad porque hay una corona que ganar.
Pronto presenciaremos la coronación de nuestro Rey. Los creyentes cuya vida quedó escondida con Cristo, los que en esta tierra pelearon la buena batalla de la fe, resplandecerán con la gloria del Redentor en el reino de Dios (The Faith I Live By, p. 124; parcialmente en La fe por la cual vivo, 28 de abril, p. 126).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 13: «¡ELIJAN HOY!»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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