[Dios] desea que estemos gozosos. Desea que estemos llenos de alabanzas a su nombre. Desea que nuestros rostros revelen luz, y nuestros corazones gozo. Tenemos una esperanza que excede en mucho a cualquier placer que el mundo pueda proporcionarnos, y este hecho debe manifestarse.
¿Por qué no habrá de ser pleno nuestro gozo pleno, sin que falte ninguna cosa? Tenemos la seguridad de que Jesús es nuestro Salvador y que podemos obtener abundantes bendiciones de él. Podemos participar libremente de la rica provisión que él ha hecho para nosotros en su Palabra. Podemos aceptar su palabra, creer en él, y saber que él nos concederá gracia y poder para hacer justamente lo que él nos ha pedido…
Podemos buscar constantemente el gozo de su presencia. No necesitamos estar todo el tiempo de rodillas, orando, pero debemos estar constantemente pidiendo su gracia, aun cuando andemos en las calles o cuando realicemos nuestras tareas diarias. Podemos elevar constantemente nuestros pensamientos a Cristo, y él nos impartirá de su gracia (Nuestra elevada vocación, p. 150).
Cuando el obrero se halla delante de la gente para impartir las palabras de vida, se oye en su voz el eco de la voz de Cristo. Es evidente que anda con Dios, que ha estado con Jesús y ha aprendido de él. Ha introducido la verdad en el santuario íntimo del alma; es para él una realidad viviente; y presenta la verdad con demostración del Espíritu y poder. La gente oye el grato sonido; Dios habla a su corazón por el hombre consagrado a su servicio.
Cuando el obrero ensalza a Jesús por el Espíritu, se vuelve realmente elocuente. Es fervoroso y sincero, y muy amado de aquellos por quienes trabaja…
Pero si se ha alimentado él mismo del pan de vida, si bebió
de la fuente de vida, puede alimentar a las almas hambrientas, y dar agua de vida al sediento. Sus defectos serán perdonados y olvidados. Sus oyentes no sentirán cansancio ni disgusto, sino que agradecerán a Dios por el mensaje de gracia a ellos enviado por su siervo (Consejos para los maestros, pp. 495, 496).
La vida en Cristo es una vida de reposo. Tal vez no haya éxtasis de los sentimientos, pero debe haber una confianza continua y apacible. Tu esperanza no se cifra en ti mismo, sino en Cristo. Tu debilidad está unida a su fuerza, tu ignorancia a su sabiduría, tu fragilidad a su eterno poder. Así que no has de mirar a ti mismo ni depender de ti, sino mirar a Cristo. Piensa en su amor, en la belleza y perfección de su carácter… Amándole, imitándole, dependiendo enteramente de él, es como serás transformado a su semejanza (El camino a Cristo, pp. 70, 71)
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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2020.
3er. trimestre 2020 “HACER AMIGOS PARA DIOS”
Lección 11: «COMPARTIR LA HISTORIA DE JESÚS»
Colaboradores: Rosalyn Angulo & Esther Jiménez
