<<Encamíname en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día>> Salmo 25: 5

AL ESCRIBIR EL SALMO 25, encontramos a David persiguiendo y acusando de algo que no había cometido: apoderase ilícitamente del trono de Saúl. Pero David nunca se revela tan generoso, humilde y perdonar como en los momentos de tribulación y persecución.
El Salmista tenta un hijo rebelde que trataba de arrebatarle el trono. Además, tenia contra él a gente como Siba, el criado de Melfi- bote. que trataba de engañarlo (2 Sam. 16), y a Simei, que le tiraba piedras y lo maldecía sin motivo. ¿Alguna vez te sentiste perseguido, acusado de algo que no hiciste y atacado por gente emocionalmente desequilibrada? ¿Cómo reaccionaron los discípulo de Jesús en esas circunstancias?
La oración de David fue: <<Encamíname en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día>>.
Necesitamos suplicar a Dios que nos enseñe cómo reaccionar delante del enemigo gratuito. Y en el versículo de hoy el Salmista nos dice que la única manera de reaccionar ante la persecución gratuita es ser guiado en la verdad. ¿Qué es la verdad? <<Yo soy la verdad>>, dijo Jesús (ver Juan 14:6). Entonces, ¿qué significa andar en la verdad? ¿Te das cuenta de que en las Escrituras todo termina en Jesús? No hay manera de salir ileso de los peligros, de la persecución y de las ofensas si no vivimos una vida de comunión diaria con Jesús. De él viene nuestra salvación, y por él tenemos que esperar todo el día.
Cuando David y sus hombres estaban llegando cerca del Jordán, al pasar por una pequeña ciudad llamada Bahurim apareció Simei, un descendiente de Saúl un hombre que había incubado en su corazón el veneno de la amargura. La amargura se transforma en odio, y el odio lo llevo a la esquizofrenia. Cuando vio a David, comenzó a apedrearlo y a gritar: <<¡Fuera, fuera hombre sanguinario y perverso! Jehová te ha dado el pago por toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado>> (2 sAM. 16:7,8).
El rey, que había aprendido con lágrimas a depender diariamente de Dios, mira con amor a ese pobre hombre. El desequilibrio emocional llevado al pobrecito a pensar que estaba defendiendo a Dios arrojando improperios sobre David. Ante la sugerencia de Abisai, uno de sus hombres de confianza, de contarle la cabeza al ofensor, David, que había aprendido a depender del Señor, respondió: <<Dejadlo que maldiga>> (ver. 9,11).
¿Cómo va tu comunión diaria con Jesús? ¿Experimentaste en tu vida la paz que el corazón siente cuando lo lastiman los improperios del enemigo? ¿Aprendiste con Cristo a responder una carta ofensiva con amor? ¿Puedes mirar cariñosamente a las personas que te persiguen sin ni siquiera saber por qué? Que Dios te de esa actitud.
DevocionalVespertino