«Hijitos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabra, sino que se demuestre con hechos» (1 Juan 3:18)

Lo gracioso es que esto suele confundir a los adultos de todas las épocas, a pesar de que ellos también tenían su propia jerga cuando eran chicos. Para hacer más frustrante el sunto, apenas una frase comienza a formar parte del habla cotidiana es sustituida por otra nueva, con un significado más actual. Los adultos comienzan a sentirse viejos, aislados, o anticuados al no poder entender lo que los niños están diciendo.
Desde la caída de la torre de Babel, los idiomas han dividido gente. Sin embargo, desde los tiempos bíblicos hasta ahora, existe un idioma que es entendido en todo el mundo y es el idioma del amor. Tras el terremoto de Haití, el amor se expresó desde todas partes del mundo en forma de alimentos, ropa, y equipos de rescate. De todas las partes llegaron contribuciones para ayudar a las víctimas del tsunami que golpeó Japón.
Cada año, cada día, personas comunes y corrientes viajan a lugares remotos del mundo para construir iglesias, escuelas y clínicas. Quienquiera que haya dicho por primera vez la frase «las acciones hablan más alto que las palabras», tenía razón. Dondequiera que vayas, el idioma del amor, no necesariamente expresado con palabras, sino en acciones, es entendido a cabalidad. Este es el idioma de Dios. Cuando mostramos amor hacia alguien, estamos hablando el idioma del cielo.
Solo por hoy, haz una lista mental de todas las veces que «hablas» el idioma del amor.
Tomado de:
Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo