Por la contemplación somos transformados. Aunque formado a la imagen de su Hacedor, el hombre puede educar de tal modo su mente que el pecado que una vez despreciaba llegue a ser un placer para él. Al dejar de velar y orar, deja de proteger la ciudadela, el corazón, y se compromete con el pecado y el crimen. La mente se envilece, y es imposible elevarla de la corrupción mientras es preparada para esclavizar los poderes morales e intelectuales y ponerlos bajo el dominio de pasiones groseras. Ha de mantenerse una guerra constante contra la mente carnal; y necesitamos ser auxiliados por la influencia refinadora de la gracia de Dios, la cual atraerá la mente hacia arriba y la habituará a meditar sobre cosas puras y santas.—Testimonies for the Church 2:479 (1870).
MANANTIAL DE VIDA O MUERTE
“Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Colosenses 3:1, 2 (NVI).
El corazón es la ciudadela del hombre. De él manan la vida o la muerte. Mientras su corazón no esté purificado, una persona queda descalificada para tener parte alguna en la comunión de los santos. ¿No sabe el que escudriña el corazón quiénes están permaneciendo en pecado, sin consideración por sus almas? ¿No hubo acaso un testigo que vio las cosas más secretas de la vida de cada uno?
Se me obligó a oír las palabras dichas por algunos hombres a mujeres y niñas: palabras de adulación, palabras que querían engañar e infatuar. Satanás emplea todos estos medios para destruir almas. Algunos de ustedes pueden haber sido así sus agentes; y en tal caso, tendrán que afrontar estas cosas en el juicio. El ángel dijo sobre esta clase: “Su corazón nunca ha sido entregado a Dios. Cristo no está en ellos. La verdad no está allí. Su lugar está ocupado por el pecado, el engaño y la mentira. No creen la Palabra de Dios ni actúan de acuerdo con ella”.—Joyas de los Testimonios 2:208, 209 (1889).
EL OCIO, LA COMPLACENIA PROPIA Y LA SEGURIDAD:
TRAIDORES DENTRO DE LOS MUROS
Los israelitas fueron inducidos al pecado, precisamente cuando se hallaban en una condición de ocio y aparente seguridad. Se olvidaron de Dios, descuidaron la oración, y fomentaron un espíritu de seguridad y confianza en sí mismos. El ocio y la complacencia propia dejaron la ciudadela del alma sin resguardo alguno, y entraron pensamientos viles y degradados. Los traidores que moraban dentro de los muros fueron quienes destruyeron las fortalezas de los sanos principios y entregaron a Israel en manos de Satanás. Así precisamente es cómo Satanás procura aún la ruina del alma. Antes de que el cristiano peque abiertamente, se verifica en su corazón un largo proceso de preparación que el mundo ignora. La mente no desciende de inmediato de la pureza y la santidad a la depravación, la corrupción y el delito. Se necesita tiempo para que aquellos que fueron creados semejantes a Dios se degraden hasta llegar a lo brutal o satánico. Por la contemplación somos transformados. Al nutrir pensamientos impuros en su mente, el hombre puede habituarla de tal manera que el pecado que antes odiaba se le vuelva agradable.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 490 (1890).
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MENTE CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO #1
Capítulo 9 : “LA MENTE, LA CIUDADELA”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara

