LA FUENTE DE LA VERDADERA FELICIDAD
Hay personas de imaginación enfermiza para quienes la religión es un tirano, que las gobierna con vara de hierro. Estos lamentan constantemente su propia depravación, y gimen por males supuestos. No existe amor en su corazón; su rostro es siempre ceñudo. Las deja heladas la risa inocente de la juventud o de cualquiera. Consideran como pecado toda recreación o diversión, y creen que la mente debe estar constantemente dominada por pensamientos austeros. Este es un extremo. Otros creen que la mente tiene que dedicarse constantemente a inventar nuevas diversiones a fin de tener salud. Aprenden a depender de la emoción, y se sienten intranquilos sin ella. Estos no son verdaderos cristianos. Van a otro extremo. Los verdaderos principios del cristianismo abren ante nosotros una fuente de felicidad, cuya altura, profundidad, longitud y anchura son inconmensurables. Cristo es en nosotros una fuente de agua que brota para vida eterna. Es un manantial inagotable del cual el cristiano puede beber a voluntad, sin apurarlo nunca.—Joyas de los Testimonios 1:178 (1867).
CELO QUE RÁPIDAMENTE SE ENFRÍA
No debemos estimular un espíritu de entusiasmo que produzca fervor por un tiempo, pero que luego se enfríe dando lugar al desánimo y la depresión. Necesitamos el pan de vida que procede del cielo para vivificar el alma. Estudien la Palabra de Dios. No sean controlados por los sentimientos. Todos los que trabajan en la viña del Señor deben aprender que los sentimientos no son fe. No es necesario estar siempre en un estado de exaltación. Pero sí se requiere que tengamos una fe firme en la Palabra de Dios como la carne y la sangre de Cristo.—El Evangelismo, 105, 106 (1902).
NI LA FRÍA ORTODOXIA NI EL LIBERALISMO DESCUIDADO
El progreso de la reforma depende de un claro reconocimiento de la verdad fundamental. Mientras que, por una parte, hay peligro en una filosofía estrecha y una ortodoxia dura y fría, por otra, un liberalismo descuidado encierra gran peligro. El fundamento de toda reforma duradera es la ley de Dios. Tenemos que presentar en líneas claras y bien definidas la necesidad de obedecer a esta ley. Sus principios deben recordarse continuamente a la gente. Son tan eternos e inexorables como Dios mismo.—El Ministerio de Curación, 91 (1905).
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MENTE CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO #1
Capítulo 6: “ UNA SALUDABLE NORMALIDAD ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & America Lara
