EL AMOR ENTRE EL PADRE Y EL HIJO ES UN EJEMPLO PARA NOSOTROS
Por mucho que un pastor pueda amar a sus ovejas, Jesús ama mucho más a sus hijos e hijas. No es solamente nuestro pastor; es nuestro “Padre eterno”. Y el dice: “Y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre”. Juan 10:14, 15. ¡Qué declaración! Es el Hijo unigénito, el que está en el seno del Padre, a quien Dios ha declarado ser “el hombre que me acompaña” (Zacarías 13:7), y presenta la comunión que hay entre él y el Padre como ejemplo de la que existe entre él y sus hijos en la tierra.—El Deseado de Todas las Gentes, 447 (1898).
Dios ama a los seguidores de Cristo como ama a su Hijo unigénito.—Manuscrito 67, 1894.
EL AMOR DE CRISTO ES UN PODER RESTAURADOR Y SANADOR
El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más poderosas de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libra el alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida.
Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.—El Ministerio de Curación, 78 (1905).
RECORDEMOS EL AMOR DE DIOS
Gracias a Dios que nos ha presentado hermosísimas imágenes. Reunamos las benditas pruebas de su amor, para recordarlas continuamente. El Hijo de Dios que deja el trono de su Padre y reviste su divinidad con la humanidad para poder rescatar al hombre del poder de Satanás; su triunfo en nuestro favor, que abre el cielo a los pecadores y revela a la vista humana la morada donde la Divinidad descubre su gloria; la raza caída, levantada de lo profundo de la ruina en que Satanás la había sumergido, puesta de nuevo en relación con el Dios infinito, vestida de la justicia de Cristo y exaltada hasta su trono después de sufrir la prueba divina por la fe en nuestro Redentor: tales son las imágenes que Dios quiere que contemplemos.—El Camino a Cristo, 119 (1892).
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MENTE CARÁCTER Y PERSONALIDAD TOMO #1
Capítulo 27: “EL AMOR DE DIOS ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
