Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre (Mateo 4: 2).
A través del ejemplo de Jesús tenemos la prueba de que cualquiera de nosotras puede ser victoriosa ante la tentación.
Cuando enfrentaba tentaciones, Jesús tenía el hábito de abstenerse de alimentos y dedicarse a la oración, y siempre vencía. El ayuno es, por tanto, una excelente preparación para que nuestra mente pueda percibir mejor la Palabra de Dios.
Elena G. de White escribió lo siguiente: Se han comprendido puntos difíciles de la verdad presente por los fervientes esfuerzos de unos pocos que se dedicaron a la obra. El ayuno y la ferviente oración a Dios han movido al Señor a abrir el entendimiento de ellos sus tesoros de verdad (Testimonios para la iglesia, t. 2, pág. 574).
Cuando necesitamos ayuda divina especial, el ayuno también es un poderoso aliado. Para ciertas cosas, el ayuno y la oración son recomendados y apropiados. En la mano de Dios son un medio de limpiar el corazón y de fomentar la buena disposición (Carta 73, 1896).
Además, el verdadero ayuno que debe recomendarse a todos es la abstinencia de todo alimento estimulante, y el uso adecuado de los alimentos sanos y sencillos, que Dios ha provisto en abundancia (Carta 73, 1896). Podemos ayunar también eligiendo alimentos sencillos, dejando de lado los estimulantes.
Tengamos en cuenta que ayunar no conlleva en sí mismo un potencial milagroso. Todos los ayunos del mundo no asumirán el lugar de la sencilla confianza en la Palabra de Dios. […] No se os pide que ayunéis cuarenta días. El Señor ayunó por vosotros en esta forma en el desierto de la tentación. No habría virtud en un ayuno tal; pero hay virtud en la sangre de Cristo (Carta 206, 1908).
El ayuno puede servir como remedio para la enfermedad, pero no necesariamente como está divulgado en los medios de comunicación. Un buen consejo aparece en el libro El ministerio de curación: En muchos casos de enfermedad, el mejor remedio para el paciente es un corto ayuno, que omita una o dos comidas, para que descansen los órganos agotados por el trabajo de la digestión. Muchas veces el seguir durante algunos días una alimentación a base de frutas ha proporcionado gran alivio a personas que trabajaban intelectualmente; y un corto período de completa abstinencia, seguido de una alimentación sencilla y moderada, ha restablecido al enfermo por el solo esfuerzo de la naturaleza. Una alimentación frugal por uno o dos meses convencerá a muchos pacientes de que la sobriedad favorece la salud (cap. 17, pág. 154).
¿Ya has experimentado los beneficios de ese ayuno?
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
