«Dios, al resucitar a Jesucristo, nos resucitó y nos dio un lugar en el cielo, junto a él. Hizo esto para mostrar, en el futuro, la bondad y el gran amor con que nos amó por medio de Jesucristo».Efesios 2: 6-7, TLAA
LA DESOBEDIENCIA HA CERRADO la puerta a una enorme cantidad de conocimientos que podrían haberse obtenido de la Palabra de Dios. En la eternidad conoceremos lo que se habría abierto a nuestro entendimiento si hubiéramos recibido la iluminación que nos era posible obtener aquí, que supone la obediencia a todos los mandamientos de Dios. Se habría comprendido el plan del gobierno de Dios, y el mundo celestial habría derramado sus tesoros de gracia y de gloria para nuestra exploración. Los seres humanos habrían llegado a ser totalmente diferentes de lo que son ahora en las formas, en el lenguaje y en el canto, porque se habrían ennoblecido al explorar las minas de la verdad. El misterio de la redención, el conocimiento de Dios y de Jesucristo en su carácter de mediador, la encamación de Cristo nuestro Redentor, su sacrificio expiatorio, no nos resultarían intelectualmente, como sucede ahora, un tanto nebulosos. Habrían sido, no solamente mejor comprendidos, sino también muchísimo más apreciados.
Estos temas ocuparán los corazones, las mentes, y la conversación de los redimidos a través de las edades eternas, y delante de ellos se desplegarán nuevos descubrimientos de los temas que Cristo anheló abrir ante sus discípulos, pero que ellos no tuvieron la fe necesaria para indagarlos y captarlos. Durante toda la eternidad irán apareciendo nuevas perspectivas de la perfección y gloria de Cristo.
Seres humanos de indudable piedad y talento pueden captar perspectivas de las realidades eternas, pero estas no son comprendidas porque lo visible eclipsa la gloria de lo invisible. Muchos evalúan la sabiduría humana como más elevada que la sabiduría del Maestro divino; y entonces, la Biblia, que contiene el tesoro, es considerada como anticuada, al punto de que se la considera aburrida y obsoleta. No es considerada así, sin embargo, por aquellos que han sido reanimados y vivificados por el Espíritu Santo, que disfrutan de tan inapreciable tesoro, y están dispuestos a venderlo todo a fin de comprar el campo que lo contiene (ver Mat. 13:44-46).
Muchos beben de las aguas decadentes y turbias del valle por haber olvidado la fuente del agua viva, el agua pura que desciende de las nevadas cumbres del Líbano. Pero los que concentran su estudio en la Palabra de Dios, los que excavan en busca de los tesoros de la verdad, apreciarán los importantes principios que enseña, y los asimilarán. Como resultado de ello llegarána estar imbuidos con el Espíritu de Cristo, y mediante la contemplación serán transformados a su semejanza. Los que aprecian la Palabra la enseñarán a otros como discípulos que estuvieron sentados a los pies de Jesús y se han acostumbrado a aprender de él, a fin de poder conocer a Aquel cuyo conocimiento correcto es vida etrnaa.—Manuscrito 45, 30 de marzo de 1898, «El tesoro escondido»
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
