«El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene» (I Juan 5: 12).

El Monopolio se parece mucho a la vida real. Nos gusta tomar decisiones, pero preferimos aquellas que no implican riesgos. Pero no sería justo eliminar las tarjetas negativas, pues no sería muy realista pensar que jamás nos sucederá nada malo en este mundo de pecado. Greg no puede evitar que le sucedan cosas negativas, ya sea cuando juega Monopolio o en la vida real. El invierno pasado tuvo amigdalitis, su mejor amigo se mudó lejos, y su gato fue atropellado. ¡Así es la vida! Pero gracias a Dios que nuestra vida es mucho más que un tablero de Monopolio donde suceden cosas al azar. En la decisión más importante de todas, la que tiene que ver con la eternidad, tú puedes escoger entre el cielo y el infierno, entre la vida y la muerte.
Jesús, el Hijo de Dios, murió en la cruz para que podamos vivir para siempre. Tarde o temprano debemos escoger una tarjeta: la de la vida. No existe riesgo alguno si escogemos a Jesús, pues «quien tiene al Hijo, tiene la vida». Lee nuevamente el texto de hoy, insertando tu nombre en el lugar apropiado. Luego haz esta oración: Padre, ayúdame a no olvidar que tu promesa de vida eterna no depende de lanzar unos dados, o de lo que diga una tarjeta, sino de mi decisión. Hoy quiero tomar esa decisión y aceptar a tu Hijo Jesús en mi corazón y en mi vida. Amén.
Tomado de: Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima” Por: Kay D. Rizzo