viernes , 4 septiembre 2026
Matinal Para Damas 2018

ARENA PLATEADA

 

 

Pero precisamente por eso Dios fue misericordioso conmigo, a fin de que en mí, el peor de los pecadores, pudiera Cristo Jesús mostrar su infinita bondad. Así vengo a ser ejemplo para los que, creyendo en él, recibirán la vida eterna» (1 Tim 1:16).

 

La cabaña en la que con mi esposo Milton y varias otras parejas nos alojábamos para el retiro de personal, estaba en silencio. A las cinco de la mañana caminamos silenciosamente por el pasillo, pasamos los dormitorios y salimos por la puerta del frente, al fresco y estimulante aire matinal. Realmente se sentía como un nuevo día. Mientras caminábamos por el sendero serpenteante hacia la playa, un rayo de sol se asomaba en el cielo desde el este. Si los demás hubieran sabido lo que se estaban perdiendo, habrían saltado de sus camas y nos habrían acompañado. Escuchamos el suave sonido de las olas y observamos el amanecer, un resplandor anaranjado en el cielo. Como si fuéramos niños, nos quitamos rápidamente el calzado y liberamos nuestros pies para chapotear en el agua fresca, que parecía hacernos cosquillas. La blanca arena se sentía como talco entre los dedos de los pies. Milton entró en el agua hasta que le llegó a la cintura, y yo, hasta mis rodillas. Mi cuerpo entero se sentía relajado y refrescado por el efecto del agua.

Luego de algunos minutos, noté que Milton se había alejado un poco. Como no quería perderme ni un momento de nuestra aventura matutina, comencé a caminar hacia él. Pero caminar sobre las huellas que dejaban sus pisadas en la arena era difícil. Necesitaba dos pasos para igualar uno suyo. Le grité que me esperara, e inmediatamente recordamos el famoso poema «Huellas en la arena».

En el camino de regreso a la cabaña, reflexionamos sobre la hermosa experiencia, pero yo estaba abrumada por el pensamiento de caminar en las pisadas de otra persona. Como padres, esperamos que nuestros hijos caminen en nuestras pisadas, pero para ellos eso es difícil. Como profesores, queremos que nuestros alumnos hagan y actúen exactamente como nosotros. Es casi imposible. Lo que hemos de tener en cuenta siempre es que no debemos quejarnos de nadie si no hemos tenido primero la oportunidad de caminar en sus zapatos.

Esa mañana, la experiencia en la arena me hizo reflexionar en que no debo esperar que los demás sean comô yo. Debo señalarles a Cristo, el ejemplo perfecto, y mostrarles cómo desarrollar una relación con él. Cuando lo imitan, él no solo les muestra qué hacer, también está dispuesto a perdonarlos y cubrirlos con su justicia cuando cometen un error.

GLORIA GREGORY

trabaja como directora de Admisiones

en la Universidad del Norte del Caribe.

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#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”

 

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