Fue la multitud mixta que vino de Egipto con los israelitas la principal impulsora de este terrible alejamiento de Dios. Se les llamaba multitud mixta, porque los hebreos se habían casado con los egipcios.
Los hijos de Israel habían visto a Moisés subir al monte y entrar en la nube mientras la cima de la montaña estaba en llamas. Esperaban su regreso todos los días, y como no volvía del monte tan pronto como esperaban, se impacientaron. Especialmente los egipcios creyentes, que salieron de Egipto con la hueste hebrea, se impacientaron y se rebelaron.
Una gran multitud se reunió alrededor de la tienda de Aarón, y le dijeron que Moisés no volvería nunca, que la nube que hasta entonces los había guiado descansaba ahora sobre el monte, y que ya no dirigiría su ruta a través del desierto. Deseaban algo que pudieran contemplar y que se pareciera a Dios. Recordaban los dioses de los egipcios, y Satanás aprovechaba esta oportunidad, en ausencia de su líder designado, para tentarlos a imitar a los egipcios en su idolatría. Sugirieron que si Moisés no volvía nunca a ellos, podrían regresar a Egipto y ganarse el favor de los egipcios llevando esta imagen ante ellos, reconociéndola como su dios.
Aarón se opuso a sus planes, hasta que consideró que el pueblo estaba decidido a llevar a cabo su propósito, y dejó de razonar con ellos. Los reclamos del pueblo hicieron que Aarón temiera por su vida. Y en vez de levantarse noblemente en defensa del honor de Dios, y confiar su vida en las manos de quien había obrado maravillas en favor de su pueblo, perdió su valor, su confianza en Dios, y cedió cobardemente a los deseos de un pueblo impaciente, y esto, además, en oposición directa a los mandamientos de Dios. Hizo un ídolo y construyó un altar en el que ofrecían sacrificios a ese ídolo. Y Aarón se resignó a oír al pueblo proclamar: “Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”. ¡Qué gran ofensa a Jehová! Hacía poco que habían escuchado la proclamación de la ley de Dios desde el Sinaí, en medio de las más sublimes demostraciones del poder divino, y cuando su fe fue puesta a prueba, al alejarse Moisés de ellos por algunas semanas, se dedicaron a la idolatría que había sido tan recientemente especificada, y expresamente prohibida por Jehová. Al hacerlo, transgredieron el primer mandamiento y el segundo. La ira de Dios se encendió contra ellos (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 274-276).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 11: «APOSTASÌA E INTERCESIÒN»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
