sábado , 24 octubre 2026
Notas de Ellen G. White 2025

Amar a Dios

 

El Señor no obligará a los hombres a obrar con justicia, a amar la misericordia y andar humildemente delante de Dios; pone el bien y el mal ante los instrumentos humanos, y establece claramente cuál será el resultado de seguir el uno o el otro. Cristo nos invita diciendo: “Sígueme”. Pero nunca se nos fuerza a seguir en pos de sus pisadas. Si no andamos en sus pisadas, es porque esto constituye el resultado de una elección deliberada. A medida que contemplamos la vida y el carácter de Cristo, surgen en nosotros fuertes deseos de ser como él en nuestro carácter; y proseguimos en conocer al Señor, y en saber que como el alba está dispuesta su salida. Entonces comenzamos a comprender que “la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Proverbios 4:18 (Consejos sobre la mayordomía, pp 143, 144).

Dios proporciona suficiente luz y evidencias para capacitar al hombre a fin de distinguir entre la verdad y el error; pero no lo fuerza para que reciba la verdad; lo deja en libertad de elegir el bien o el mal. Si el hombre recibe la evidencia que es suficiente para guiar su juicio en la dirección correcta, y elige el mal una vez, lo hará más fácilmente la segunda vez. La tercera vez se apartará de Dios aún con mayor avidez, y eligirá estar del lado de Satanás. Y continuará en este proceder hasta que sea confirmado en el mal y crea que es verdad la mentira que ha fomentado. Su resistencia ha producido su cosecha…

La elección que hagamos en esta vida será nuestra elección para toda la eternidad. Recibiremos o vida eterna, o muerte eterna. No hay un lugar intermedio, no hay un segundo tiempo de gracia. Se nos exhorta a vencer en esta vida como Cristo venció. El cielo nos ha proporcionado abundantes oportunidades y privilegios, de modo que podamos vencer como Cristo venció y nos sentemos con él en su trono (Comentarios de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1112).

Ha empeñado su palabra. Las montañas podrían desaparecer y los collados podrían temblar, pero su amor no se apartará de su pueblo, ni se quebrantará el pacto de su paz. Se oye su voz que dice: “Con amor eterno te he amado”. Jeremías 31:3. “Con misericordia eterna tendré compasión de ti”. Isaías 54:8. Cuán asombroso es este amor, que Dios condescienda a quitar toda causa de duda e incertidumbre del temor y la flaqueza humanos, y tome la mano temblorosa que se levanta hacia él con fe; y nos ayude a confiar mediante renovados motivos de seguridad… y ha confirmado su promesa: “Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento” ¿Qué más podría hacer nuestro Señor para fortalecer nuestra fe en sus promesas?? (That I may Know Him, p. 262; parcialmente en A fin de conocerle, p. 261).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2025 «EL AMOR DE DIOS Y SU JUSTICIA»
Lección 8: «LIBRE ALBELDRÌO, AMOR Y PROVIDENCIA DIVINA»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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