«Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes ¡Limpien sus manos, pecadores! ¡Purifiquen sus corazones, ustedes que se portan con doblez!».
Santiago 4:8, LPH
«ACÉRQUENSE A DIOS». ¿Cómo? Examinando en secreto su corazón, por una dependencia infantil, sincera y humilde de Dios, manifestándole a Jesús todas sus debilidades y confesando sus pecados.— Carta 13, 1893.
¿Cuál será el resultado de esto? No podemos acercarnos a Dios y contemplar su hermosura y compasión, sin comprender nuestros defectos y ser llenados con el deseo de elevarnos ¿Cuál será el resultado de esto? No podemos acercarnos a Dios y contemplar su hermosura y compasión, sin comprender nuestros defectos y ser llenados con el deseo de elevarnos cada vez más. «Y Dios se acercará a ustedes» (Sant. 4:8, LPH). El Señor se acercará a aquel que confiese a sus hermanos los errores que ha cometido contra ellos, y que luego acuda a Dios con humildad y contrición.
El que siente su propio peligro permanece vigilante para no afligir al Espíritu Santo y luego alejarse de Dios, porque sabe que él no se agrada de su conducta. ¡Cuánto mejor y más seguro es acercarse a Dios, para que la luz pura que brilla de su Palabra pueda curar las heridas que el pecado ha hecho en el alma! Cuanto más cerca estemos de Dios, tanto más seguros estaremos, porque Satanás odia y teme la presencia de Dios.— Carta 40, 1901.
Acerquémonos a él mediante la oración, la contemplación y la lectura de su Palabra. Cuando él se acerca a nosotros, levanta en nuestro favor un pendón contra el enemigo. Animémonos, porque el enemigo no puede pasar este estandarte.— Manuscrito 92, 1901.
Si nos allegamos a Dios, individualmente, ¿no vemos cuál será el resultado? ¿No podemos ver que nos acercaremos más unos a otros? No podemos acercarnos a Dios y a la misma cruz sin que nuestros corazones se unan en perfecta armonía, contestando la oración de Cristo, como si fuéramos una cosa, así como él con el Padre. Por lo tanto, en espíritu, en entendimiento y en fe, deberíamos buscar la manera de ser uno, para que Dios sea glorificado en nosotros, así como es glorificado el Hijo; y para que Dios nos ame así como ama al Hijo.— Manuscrito 7, 1890.
El alma que ama a Dios se complace en obtener fuerzas mediante la comunión constante con él. El poder del mal queda desbaratado cuando el alma adquiere el hábito de estar en comunión con Dios, porque Satanás no puede morar en el alma que se acerca a Dios.— The Review and Herald, 3 de diciembre de 1889.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

