Los fariseos de los días de Cristo cerraron los ojos para no ver y los oídos para no oír, y en esa forma, la verdad no les pudo llegar al corazón. Habían de sufrir el castigo por su ignorancia voluntaria y la ceguera que se imponían a sí mismos. Pero Cristo enseñó a sus discípulos que ellos habían de abrir su mente a la instrucción y habían de estar listos para creer. Pronunció una bendición sobre ellos porque vieron y oyeron con ojos y oídos creyentes…
Solo es un verdadero estudiante el que recibe las Escrituras como la voz de Dios que le habla. Tiembla ante la Palabra; porque para él es una viviente realidad. Abre su entendimiento y corazón para recibirla. Oyentes tales eran Cornelio y sus amigos, que dijeron al apóstol Pedro: “Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado”. Hechos 10:33. El conocimiento de la verdad depende no tanto de la fuerza intelectual como de la pureza de propósito, la sencillez de una fe ferviente y confiada. Los ángeles de Dios se acercan a los que con humildad de corazón buscan la dirección divina. Se les da el Espíritu Santo para abrirles los ricos tesoros de la verdad -Palabras de vida del gran Maestro, p. 39.
La Biblia es la voz de Dios hablándonos tan ciertamente como si pudiéramos oírlo con nuestros oídos. La palabra del Dios viviente no está solo escrita, sino que es hablada. ¿Recibimos la Biblia como el oráculo de Dios? Si nos damos cuenta de la importancia de esta Palabra, y con qué respeto la abriríamos, y con qué fervor escudriñaríamos sus preceptos! La lectura y la contemplación de las Escrituras serían consideradas como una audiencia con el Altísimo.
La Palabra de Dios es un mensaje que debemos obedecer, un volumen para consultar a menudo y con cuidado, y con un espíritu deseoso de asimilar las verdades escritas para la admonición de aquellos a quienes han alcanzado los fines de los siglos. No debe ser descuidado en favor de cualquier otro libro -En los lugares celestiales, p. 136. exalta la razón humana por sobre la divina. ¿Puedo hablar claramente y dar un testimonio definido? Si la Palabra de Dios hubiera sido considerada como siempre lo debió ser, como la voz de Dios que habla a los hombres, la fuente de toda sabiduría, de toda verdad, de la más elevada educación, los niños, jóvenes y padres habrían hecho de ella no solamente motivo de su estudio, sino su maestra y su guía…
La Biblia es el libro de texto, y debería ser estudiada diligentemente, no como se lee cualquier libro. Debe ser para nosotros el libro que satisface las necesidades del alma. Este libro hará sabio para la salvación al hombre que lo estudie y lo obedezca. Así como el alimento no puede nutrir el cuerpo a menos que se lo coma y se lo digiera, tampoco puede la Palabra del Dios vivo satisfacer el alma a menos que se la reciba como Maestra de un sistema de educación superior, que está por encima de todo artificio humano; a menos que sus principios sean obedecidos porque son la sabiduría de Dios – Cada día con Dios, p. 125.
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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2020.
2do. trimestre 2020 “COMO INTERPRETAR LA BIBLIA”
Lección 2: «EL ORIGEN Y LA NATURALEZA DE LA BIBLIA»
Colaboradores: Rosalyn Angulo & Luis Campoverde
