La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser lo primero que debiéramos hacer. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas. Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos. Sin embargo, mediante la confesión, la humillación, el arrepentimiento y la oración ferviente nos corresponde cumplir con las condiciones en virtud de las cuales ha prometido Dios concedernos su bendición. Solo en respuesta a la oración debe esperarse un reavivamiento.
Hay personas en la iglesia que no están convertidas y que no se unirán a la oración ferviente y eficaz. Debemos hacer la obra individualmente. Debemos orar más y hablar menos. Abunda la iniquidad, y debe enseñarse a la gente que no se satisfaga con una forma de piedad sin espíritu ni poder. Si somos asiduos en el escudriñamiento de nuestro corazón, si nos liberamos de nuestros pecados y dejamos de lado nuestras malas tendencias, nuestras almas no se elevarán a la vanidad, desconfiaremos de nosotros mismos al comprender siempre que nuestra suficiencia es de Dios.
Tenernos mucho más que temer de enemigos internos que de externos. Los impedimentos para el vigor y el éxito provienen mucho más de la iglesia misma que del mundo.
Los incrédulos tienen derecho a esperar que los que profesan ser observadores de los mandamientos de Dios y de la fe de Jesús hagan más que cualesquiera otros para promover y honrar la causa que representan por su vida consecuente, su ejemplo piadoso y su activa influencia. ¡Pero con cuánta frecuencia los profesos defensores de la verdad han demostrado ser los mayores obstáculos para su adelanto!
La incredulidad fomentada, las dudas expresadas, las tinieblas abrigadas, animan la presencia de los malos ángeles y despejan el camino para los planes de Satanás. ELENA G. DE WHITE, Mensajes selectos, t. 1, cap. 16, p. 142.
Después de haber analizado el pasaje de esta semana y de haber repasado el versículo destacado que has aprendido de memoria:
- ¿Qué aplicaciones personales te sientes motivado a realizar en tu vida?
- ¿Qué aplicaciones prácticas consideras que deberías implementar en tu escuela, tu lugar de trabajo, tu familia o tu iglesia?
- ¿Cómo aplicarías a tu vida el versículo que has memorizado?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2019.
4to trimestre 2019 “Nehemías ”
Lección 11: «Las claves de un buen reavivamiento»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
