Dios puede experimentar toda emoción humana, puesto que hemos sido creados a su imagen. Mientras Jesús estuvo en la tierra, experimentó situaciones Y emociones parecidas a las que enfrentamos nosotros hoy. Las Escrituras nos dicen que, aunque Dios tiene la prerrogativa de enojarse y castigarnos en el acto, no lo hace ¿Por qué? Porque es «lento para hablar y para enojarse» (Sant. 1: 19). No solamente escucha las palabras que salen de nuestra boca, sino también lo que dicen nuestros corazones.
A diario vemos evidencias del amor de Dios por nosotros en la forma en que él nos escucha.
Escuchar no solo significa oír. Hay veces en que una persona no puede pronunciar palabra y, sin embargo, podemos estar a su lado, escuchándola. Cuando nos sometemos a la voluntad de Dios podemos escuchar a la gente que nos rodea de la misma forma en que los escucha él. Así es como podemos ayudarnos los unos a los otros. El acto de escuchar suscita un profundo sentido de comprensión en nosotros. Al hacerlo se nos presenta la oportunidad de reafirmar nuestra fe.
Podemos afirmar que pertenecemos a Cristo sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Es importante señalar que estar «listos a escuchar» precede a ser «lentos para hablar» y «lentos para enojarse». Escuchar puede resultamos muy difícil porque, al hacerlo, nos estamos sometiendo a la opinión de otra persona y dejando a un lado nuestro orgullo. Pero esta experiencia es crucial en nuestro caminar con Dios, porque nos permite ver el mundo y a los demás de la misma forma en que lo hizo Jesús cuando caminó y habló con nosotros. No es fácil, pero tampoco es imposible.
A diario vemos evidencias del amor de Dios por nosotros en la forma en que él nos escucha. Dios desea que revelemos su carácter practicando los principios que nos enseña: amando a quienes nos rodean, aprendiendo a escuchar y dejándoles saber que nos preocupamos por ellos. El mismo acto de escuchar nos permite ponernos en armonía con los demás, especialmente cuando Dios sabe que ellos desean acercarse a él. Si no podemos escuchar a un pecador, ¿cómo podríamos escuchar a Dios?
PARA COMENTAR
- Piensa en tus relaciones con tus amigos y con tus conocidos. ¿Los escuchas a todos igual? ¿O tu capacidad para escuchar cambia de acuerdo con la relación que tienes con cada uno?
- Cuando estás escuchando a alguien, ¿estás pensando en la respuesta que le vas a dar o estás reflexionando en lo que la otra persona te está diciendo?
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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 1: «Los Ritmos de la vida«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
