martes , 27 octubre 2026
Lección E. Sabática Universitarios 2019

Evidencia – Etapas cíclicas

Nuestras vidas son muy breves. La vida humana promedio es de unos setenta años. La Palabra dice: «Setenta son los años que vivimos; los más fuertes llegan hasta ochenta» (Sal. 90: 10). Las estaciones del año nos proporcionan una visión espiritual de la vida.

Las promesas de Dios se cumplen a su debido tiempo.

En invierno, el suelo se endurece. Algunos animales hibernan, como es el caso de los osos, las serpientes o las abejas. Los árboles pierden su follaje mientras que sus raíces se protegen bajo tierra. El invierno es la estación más oscura, ya que las noches son más largas y los días se acortan. En primavera, los animales despiertan de su sueño o regresan de su migración a climas más cálidos. En algunos casos vuelven acompañados de sus jóvenes crías. La dormida vegetación despierta en un hermoso derroche de colores. El verano significa días más largos y noches más cortas. El otoño es la preparación para el invierno, y las noches se alargan de nuevo. Las hojas caen a tierra como señal de que la vibrante vida se va apagando de nuevo. La tierra está desnuda y triste. Y el ciclo comienza una vez más.

Así es el ciclo de la vida y la muerte. Salomón lo describió perfectamente en Eclesiastés 3: 2, donde dice que hay «un momento para nacer, Y un momento para morir. Un momento para plantar, y un momento para arrancar lo plantado». A todos aquellos que confían y creen en sus promesas de salvación, Dios les promete en Isaías 61: 3, vida después de la muerte y «una corona en vez de ceniza». En Malaquías 4: 3 se afirma que aquellos que rechazan la promesa divina de salvación serán ceniza bajo la planta de los pies de los justos (RV95).

El relato de Sara y Abraham muestra que Dios ejerce su dominio sobre la muerte, la vida y el tiempo. Sara y Abraham no habían tenido hijos hasta que Dios los visitó en el encinar de Mamre, prometiéndoles un descendiente. Sara ya tenía noventa años, era estéril y estaba muy pasada de su edad para tener hijos. Sin embargo, la promesa de Dios se cumplió, ya que nuestros tiempos están en sus manos.

Dios protegió la vida que había implantado en Sara, al igual que los árboles superan el invierno y se renuevan en primavera. Los propósitos de Dios se cumplen mediante sus promesas. Nada es demasiado difícil para Dios. La promesa se cumplió a su debido tiempo. Si nos aferramos a las promesas de Dios, tal como hicieron Sara Y Abraham, podemos tener la seguridad de que no hay nada que temer. Tendremos paz cuando pongamos nuestro amor y nuestra confianza en Dios (ver Sal. 71: 5).

PARA COMENTAR

  1. ¿Qué promesas contribuyen a tu esperanza y fe en Dios?
  2. ¿De qué manera revela la naturaleza el plan de salvación divino?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 1: «Los Ritmos de la vida«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo

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