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Devocion Familiar 2018

La tierra ser fructífera

<<Si andáis en mis preceptos y guardáis mis mandamientos, y los ponis por obra, yo os enviaré las lluvias a su tiempo, y la tierra y el árbol del campo darán su fruto>> Levítico 26: 3, 4

EL VERSÍCULO DE HOY no presenta simplemente una promesa y la condición para ser merecedor de ella. Cuando una persona desarrolla una experiencia diaria de amor con Jesús, ese versículo llega a ser entonces la descripción de una experiencia fructífera, porque la persona posee la fuente de la vida y el poder.

Si eres un agriculto y parece que la situación meteorológica no permite prever para este año una gran cosecha, espera un poco. ¡No desistas! Escondite en las promesas maravillosas de quien tienen el poder para hacer llover y también para que deje de llover.

Vive cada día una vida de dependencia de Jesús. Levántate de madrugada y antes de empuñar el arado, pasa algún tiempo a solas con el dueño de la vida y la naturaleza.

Después, sal al trabajo sin miedo. No te atemorices por las previsiones climáticas. No mires con angustia el cielo. <<Yo dar vuestra lluvia en el tiempo correcto y la tierra fructificará>>, es la promesa. Confía en ella.

Pero la enseñanza de hoy puede también ser transferido a la vida espiritual. ¿Te sientes improductivo?

¿Interesante muchas veces ver en tu vida los frutos del Espíritu Santo sin conseguirlo? ¿No es posible para ti abandonar ciertos hábitos que destruyen tu vida espiritual? ¡Un momento! No te desesperes. La condición es: <<Si andáis en mis preceptos y guardáis mis mandamientos, y los ponis por obra>>. No pienses en primer lugar en lo que debes o no debes hacer. Piensa en el plan que Dios tiene para hacer una vida productiva.

Pasa tiempo con él, ve a él, permanece en él y deja que el Espíritu Santo te lleve a las grandes obras de victoria.

¿Por què no pensar en estatutos y mandamientos no solamente como normas y prohibiciones, sino como el plan que Dios tiene para llevar a su pueblo a una vida de obediencia?

Cuando esa trágica tarde Dios llega al Edén y el hombre se escondió de su presencia, la tristeza divina, ¿fue motivada por un fruto comido o por una relación de amor y confianza quebrada?

La gran preocupación de Dios, ¿era que el hombre no comiese el fruto, o que viviese siempre una vida de comunión con él y, como consecuencia, siguiese el consejo de no comer el fruto?

¿Podemos ir esta mañana a Jesús y decirle: <<Señor, habita en mí, fructifica el desierto de mi vida y llévame a ver en mi experiencia los frutos maravillosos del Espíritu Santo?>>

MatinalFamiliar

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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón

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