«Al ver la mujer que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió al igual que ella». Génesis 3: 6
ERA LA VOLUNTAD DE DIOS que Adán y Eva no conocieran el mal. El conocimiento del mal, del pecado y sus resultados, del trabajo agotador, de la ansiedad, el desánimo y el sufrimiento, del dolor y la muerte, les había sido evitado por amor. Mientras Dios buscaba el bienestar del ser humano, Satanás procuraba arruinarlo. […] Satanás pretendía hacerles creer que el conocimiento del bien mezclado con el mal sería positivo, y que al haberles prohibido que comieran del fruto del árbol Dios los estaba privando de grandes beneficios. Argumentaba que el Señor les había prohibido probarlo a causa de las maravillosas propiedades que tenía para impartir sabiduría y poder, que de ese modo trataba de impedir que alcanzaran un desarrollo más elevado y que fueran más felices. […] Cuando Eva vio que «el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y deseable para alcanzar la sabiduría […] tomó de su fruto, y comió}). Era de sabor agradable, y a medida que se lo iba comiendo, le parecía sentir un poder vivificador y se imaginó que alcanzaba un estado superior de existencia. Una vez que hubo pecado, se transformó en tentadora de su esposo, «el cual comió al igual que ella» (Gén. 3:6). «Se les abrirán los ojos», había dicho el enemigo; «y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal» (vers. 5, NVI). Ciertamente sus ojos fueron abiertos, ipero qué triste resultado!. — La educación, cap. 3, pp. 23-25. Si Adán y Eva no hubieran tocado el árbol prohibido, el Señor les habría impartido una ciencia sobre la que no habría habido ninguna mal decisión , una ciencia que les habría infundido gozo eterno. — Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 305.
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“Una Religion Radiante”
Por: Elena G. de White
