«Yo te aconsejo que compres de mí oro refinado en el fuego para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Y unge tus ojos con colirio para que veas». Apocalipsis 3: 18
LA IGLESIA DE LA ODICEA REPRESENTA a la iglesia en el último periodo de la historia Lde la humanidad. Por eso Satanás ha agudizado su estrategia para atacarla fuertemente, ya no con persecuciones o asesinatos, sino con ataques más sutiles y sigilosos. El profeta Juan relata que el estado de La odicea es de tibieza espiritual. Además, ella cree que no necesita nada, pues su condición le parece muy buena. El orgullo ha llenado su corazón y no permite que vea con claridad su deplorable condición. Ella no alcanza a visualizar que Jesús viene pronto y que la patria celestial está cercana y ha descuidado la preparación necesaria para recibir a Cristo.
A pesar de todo, Dios aún tiene misericordia de la iglesia de Laodicea y le hace un llamamiento individual. Debemos acudir a él y «comprar» lo que nos hace falta. Ahora, si la salvación es gratuita, sin ningún costo, ¿cómo podemos entender el llamado de Dios a «comprar» de él?
La definición de comprar, según el Diccionario de la Real Academia Española, es «obtener algo por un precio». En otras palabras, podríamos decir que es un intercambio. Ahora bien, el intercambio que debemos hacer con Jesús es entregarle nuestra miseria, orgullo, vanagloria y justicia propia; y a cambio él nos dará el perdón de nuestros pecados, vestiduras blancas, fe (como oro refinado) y poder del Espíritu Santo, como el colirio que quita la ceguera para ver claramente el reino de Dios. El amor del Creador por nosotros es tan grande, que él recibe nuestra inmundicia para darnos oro puro. De este modo, el Espíritu Santo hace una conversión completa en nuestra vida y nos prepara para encontrarnos con el Señor.
La única manera de contrarrestar la tibieza es que Cristo ocupe el primer lugar en nuestro corazón. La apostasía ha de ser confrontada con la fidelidad de Dios. La laxitud, con la convicción nacida de su autoridad. La pobreza, con su riqueza. El frío, con el poderoso fuego de su entusiasmo.
Necesitamos hacer un intercambio con Dios: entregarle todo lo que somos, toda nuestra escoria, a fin de que él implante en nosotros un nuevo corazón lleno de amor, fidelidad y fe en nuestro amado Padre celestial. iHagámoslo ahora! No perdamos más tiempo.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
