Sí, el Señor hizo grandes cosas por nosotros, y eso nos llena de alegría. Ahora, Señor, haz volver a nuestros cautivos como haces volver los arroyos del desierto. Salmo 126:3. 4, NVI.
Una tarde le pedía Dios que me mostrara dónde quería que trabajara al día siguiente. A la mañana, sentí que debía ir a la región del lago Victoria. Así que fui hasta esa zona y visité varias escuelas. Una escuela parroquial fue de especial bendición para mí porque pude ver la gracia de Dios en acción. Luego de mirar mis libros. Ia directora pensó que serían de provecho en las aulas, así que compró varios ejemplares para Ia escuela. Luego miró la colección de diez tomos de Las bellas historias de la Biblia y decidió que quería comprar una colección para ella. Como no tenía suficiente dinero consigo, firmó un recibo, y acordamos que volvería a cobrar el dinero.
El viernes volví a la escuela, pero no pude encontrarla. La secretaria no sabía dónde estaba. Poco después, un guardia de seguridad me dijo que ella había sido despedida. Trate de llamarla por teléfono, pero no pude contactarla. Susurré una oración y le pedí a Dios que estuviera al control de esta situación. Ella había sido muy amable; oré aún más por ella…
Pasaron varias semanas, hasta que una tarde recibí una llamada telefónica de la mujer. Se disculpó varias veces, y me pidió que nos reuniéramos en la entrada de cierto hotel en Entebbe. El día acordado tomé el transporte público hasta el hotel, pero desafortunadamente llegué 30 minutos tarde. Decepcionada, comencé el retorno a casa, cuando ella me llamó nuevamente y me pidió que volviera al hotel. Allí me hizo pasar a su casa con una amable sonrisa. Yo estaba muy feliz de volver a ver a esta mujer. Me contó lo intranquila que estaba por deberme dinero, y me aseguró que no se sentiría en paz hasta pagarme, lo cual hizo inmediatamente.
Me alegre mucho al saber que aunque la habían despedido de la escuela, ya había encontrado un nuevo trabajo con mejor salario en una universidad local, juntas le agradecimos a Dios por su bondad para con nosotras. Nos hemos hecho grandes amigas, y ella me presenta a sus amigos de la universidad, muchos de los cuales son ahora mis clientes.
Sí, Dios hace diariamente «grandes cosas» tanto a mí como por ella y, como dice el salmista, eso «nos llena de alegría». Confiemos en el Señor, él sabe que vivimos de nuestro trabajo y nos permite recuperar lo que hemos perdido y, más importante aún, recuperar las almas por las cuales Cristo murió.
Frida Opiyo, Uganda
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
