Como un águila que agita el nido y revolotea sobre sus polluelos, que despliega su plumaje y los lleva sobre sus alas. Solo el Señor lo guiaba; ningún dios extraño iba con él (Deuteronomio 32: 11, 12)
El águila es una de las aves más notables de la creación. Su imagen está estampada en monedas, medallas y emblemas, pues simboliza fuerza, velocidad, poder, resistencia y discernimiento.
El águila es un ave monógama que solo cambia de pareja si esta muere. La pareja trabaja unida en la construcción del nido, desde la elección misma del lugar en el que construirlo, normalmente en montañas y acantilados. El nido de águila más grande jamás registrado tenía 3 metros de ancho y pesaba más de 2 toneladas.
En la construcción del nido, las águilas usan primero palos afilados, espinas, huesos y piedras; después, sobre ese fondo espinoso, preparan un colchón con paja, hojas, musgo y hierbas. Finalmente, ponen plumas, arrancadas de su propio pecho.
El águila empolla sus huevos durante 35 días en el nido, sin abandonarlo. Unas imágenes interesantísimas capturadas en Pensilvania, Estados Unidos, muestran a un águila calva americana empollando sus huevos durante una nevada. Aunque la mamá estaba cubierta de nieve hasta la cabeza, solo se movía cuando era necesario para sacar el hielo, y permanecía firme para proteger a sus crías.
Cuando el polluelo sale del huevo, se encuentra en un hotel de cinco estrellas, con servicio de habitación incluido, que dura tres meses o un poco más. En ese tiempo, los padres se turnan en la caza y el cuidado del nido. Pero las águilas no han sido creadas para permanecer en un cómodo nido, por eso, un día, los papás comienzan a sacar la capa suave, dejando a los polluelos expuestos a la capa rústica y puntiaguda. Es momento de salir de la comodidad y aprender a volar. Los padres sobrevuelan el nido empujando a su cría hacia afuera.
Entonces la buscan y la cargan en sus alas de vuelta, hasta que consigue realizar solita su vuelo con gracia, fuerza y confianza.
Así también nos cuida Dios a nosotras. Nos protege en su nido de amor, pero también permite que tengamos luchas, dificultades y pruebas para que alcancemos las alturas de la madurez espiritual. Parece difícil pensar que el cuidado de Dios incluya experiencias desagradables, pero el Padre celestial sabe que necesitamos volar.
Si te parece que todo te está saliendo mal, recuerda que Dios puede estar empujándote fuera del nido para que entrenes tu capacidad de volar alto y de realizar grandes cosas. Pero recuerda: jamás te dejará sola.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
