«Sentado [Jesús] entre los maestros de la ley, […] todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas» (Lucas 2:46-47).
Decíamos ayer que Jesús es el Maestro de los maestros, porque nos enseña las cosas más importantes de la vida: las que conducen a la salvación. ¿Y sabes qué? Jesús fue un gran maestro no solo de grande, sino incluso desde que era niño. ¡Sí, desde niño!
Cuando tenía apenas doce años, Jesús fue con María y José a visitar el Templo de Jerusalén. Allí había una escuela sagrada, en la que los maestros más brillantes enseñaban. Jesús se sentó en esa clase, escuchando y haciendo preguntas. Jesús «hacía ver la verdad desde un nuevo punto de vista. […] Los doctores le dirigieron preguntas, y quedaron asombrados al oír sus respuestas. […] Repitió las palabras de la Escritura, dándoles una profundidad de significado que los sabios no habían concebido» (El Deseado de todas las gentes, cap. 8, p. 62).
Es extraño que un niño enseñe a un adulto, pero puede pasar si ese niño busca a Dios y lee la Biblia todos los días. Es así como Dios le va dando sabiduría.
Tú puedes ser un niño así. Un niño sabio y héroe, que busca a Jesús leyendo la Biblia todos los días, y que se deja usar por él.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
“HÉROES Y VILLANOS”
Por: «RAÚL LOZANO»
Colaboradores: Lisseth Orduz y Claudia Escamilla.
