«[El Señor] convirtió en brisa la tempestad, y las olas se calmaron» (Salmo 107: 29).
El náufrago Harold Pamu tenía muchísima hambre, y pensó que lo único que podía hacer era pescar. Pero ¿con qué? Solo tenía sus manos y su fe en Dios. Dado que no podía pescar con las manos, tendría que confiar en Dios.
Entonces sucedió lo impensable: vio en el agua objetos flotando. Usando sus brazos como remos, dirigió la lancha hacia allí: ¡¡¡eran dos cocos!!! «¿Qué hacen estos cocos en medio del mar?», pensó. «¿Habrá alguna isla cerca?». No sin esfuerzo, logró sacarle el agua al primer coco y luego la blanca pulpa. Qué delicia le había enviado Dios. El otro coco lo guardó para la cena.
Harold volvió a su refugio: la Biblia. Leyó del profeta Jonás, de cómo había estado en el interior del gran pez; de Jesús calmando la tormenta ante los asustados discípulos; del naufragio de Pablo camino a Roma… Esas lecturas le mostraban cómo Dios está con los náufragos. «Tú has decidido preservarme la vida por alguna razón, Señor. Cualquiera sea el plan, lo aceptaré con gozo». Y la lancha seguía flotando, perdida en el océano.
¿Qué te parece si le das las gracias a Jesús por todas las veces que suplió una necesidad tuya, así como le envió comida a Harold Pamu en medio del mar?
Continuará…
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
