«En su angustia clamaron al Señor, y él los sacó de la aflicción» (Salmo 107: 28).
Amaneció el tercer día. Harold Pamu se levantó de debajo de la lona que usaba de cobija. Estiró su cuerpo y dijo: «Buenos días, ángeles; buenos días, Espíritu Santo. Vamos a tener nuestro culto». Sentado en la lancha con su Biblia en la mano, cantó: «¿Será al albor, cuando el día despierta y el sol cada sombra nocturna ahuyenta? ¿Será al albor cuando en toda su gloria volverá a la tierra Jesús?». Ese canto le llenó el corazón de esperanza. «¡Cuánto aún faltará, Señor!».
Abrió la Biblia y se puso a leer. Su fe seguía tan firme como el día anterior, mientras oraba: «Padre, otro día comienza. Aquí estoy porque aquí me tienes. Gracias por el nuevo día, aunque no sé qué es lo que me depara. Pero tú sí lo sabes y eso me basta. Si es tu voluntad, hazme entender cómo puedo cooperar contigo. En el nombre de Jesús, amén».
Nadie sabía lo que le había sucedido a Harold Pamu. ¿Quién iba a imaginar que llevaba tres días náufrago, desconectado del mundo? Entonces, reparó en algo: «Señor, tengo hambre. ¿Qué tienes para mí?». Pero Harold sabía que no había llevado consigo alimento alguno.
Las crisis son situaciones difíciles; pero el héroe no deja de confiar en Dios.
Continuará…
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
